LA OTRA MUERTE

por Iván Dompablo R.

Por Iván Dompablo

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“And who by fire, who by water,

who in the sunshine, who in the night time…”

Leonard Cohen

Llamó para avisarme que estaba muerto. La verdad es que yo no esperaba esa noticia. De todas las posibles situaciones que uno se imagina enfrentar en su paso por el mundo, la muerte es la menos esperada incluso cuando ésta es la única certeza de la vida. Me lo dijo y no supe qué contestarle. ¿Qué le iba a contestar, carajo? Me pregunté cuándo habría pasado, si sería reciente, si habría sido una muerte rápida o habría llegado luego de una larga agonía, pero no me atreví a preguntarle ningún detalle. ¿Para qué? No tenía caso. Quizá no lo hice porque no deseaba desmoronarme y que ella se diera cuenta. Sinceramente se me salieron unas lagrimitas que de inmediato sequé con los dedos, a pesar de que estaba solo y no me importaba llorar. Escuché por un breve momento más su respiración al otro lado del teléfono, mas no me atreví a jugar con mi destino y de mi boca no salió ninguna palabra. Finalmente ella colgó.

Estuve un rato de pie en mitad de la habitación con el teléfono pegado a mi oído y sin atreverme a hacer el más mínimo movimiento, sintiendo esa incomoda sensación de irrealidad, como si en cualquier momento fuera a abrirse un hoyo negro bajo mis pies, hasta que finalmente me senté en el borde de la cama. Allí me puse a recordar cuando la conocí; los paseos y las charlas literarias que tuvimos en invierno (sentados en una banca de concreto casi a la media noche, sin un peso en los bolsillos y muriéndonos de frío, pero sin querer despedirnos); recordé todos nuestros planes a futuro que se malograron y los que sí pudimos concretar; recordé el aroma del café y los libros compartidos; recordé en un segundo toda una vida ahora fracturada…

No sé cuánto tiempo pasó desde que recibí la noticia hasta que pude volver a levantarme de la cama. Necesitaba rasurarme. Al colocarme frente al espejo no noté ningún cambio, fuera de la barba crecida todo parecía igual. Si embargo, lentamente comencé a ver el avance de las arrugas, la piel estaba más reseca, los ojos ahora no tenían brillo, y la mano que conducía la navaja era una mano temblorosa. Fue hasta entonces que lo acepté. Yo estaba muerto. Quizá no del todo, aún podía hacer ciertas cosas como ocuparme de mi higiene personal, seguiría vivo para otras personas que me conocían y con quienes también había compartido mi vida. Pero ahora una parte de mí se estaba extinguiendo para siempre. Ella comenzaría a borrar de su memoria todo aquello que tuviera que ver conmigo y aunque yo conservaría una parte de esos momentos, otra parte estaba condenada al olvido eterno con su determinación de matarme.

“Estoy hablando con un muerto”, me había dicho ella para poner el punto final a nuestra historia.

IMAGEN

Vanité >> Óleo >> Pieter Claesz

OTROS RELATOS

Retorno >> Iván Dompablo

Fantasma >> César Abraham Vega

El sueño inventado >> Roberto Marav 

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1 comentario

Miramar Letras 09/02/2016 - 14:34

la muerte chiquita, la muerte oscura, la última muerte, la muerte primera, la muerte blanca, la muerte roja, al carajo la muerte si ya tú me mataste !!!

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