DE LUZ A SOMBRA

por Lord Crawen

“En mi opinión, la existencia de la vida es un fenómeno altamente sobrevalorado”

Doctor Manhattan/The Watchmen

A Tisha, por 132 lunas de brillar bajo su luz

Citarnos para tomar un café, no en cualquier café ni de cualquier sabor; solía ser café. Esos tiempos, ahora lejanos, traen a mi mente los aromas de las tardes a tu lado. El café no tiene el mismo sabor si ti.

***

Al fenecer el sol, mis erráticos pasos llegan hasta aquel sitio. Me apresuro a levantar la enorme y pesada cortina de acero del lugar para poder entrar. La ceniza y el polvo se levantan del suelo para luego caer lentamente en la vasta sinfonía del silencio; para fundirse en la oscuridad que recorre las paredes.

Lo recuerdo bien. Tres pasos hacia el frente y encontraré la puerta de cristal. Al tacto, recorro con la mano izquierda la parte superior del cristal, con la mano derecha busco la cerradura. Intacto, el chapado letrero sobre el cristal, con las típicas letras en color dorado. “Café del tiempo. Tome ambos aquí”.

Encuentro la cerradura, mas, la llave no me detendrá para ingresar. Un golpe sórdido rompe la barrera de cristal y del sonido. Jalo la puerta, la cual se resquebraja poco a poco. Pedazos de cristal, como memorias del tiempo, yacen en el suelo, quebrantados por un inhóspito golpe de un individuo, que por ninguna circunstancia debería estar ahí. Mas, estoy aquí.

Lúgubre destino de un paraje para degustadores de café. Los aromas en el sitio, reemplazados ahora por la humedad típica del desahucio, los comensales ahora sombras sin nombre o destino, la estantería del fondo sin libros para leer y viajar a algún destino literario, las pequeñas mesas garabateadas con historias o poemas de hombres y mujeres que ya no son.

Se terminó el tiempo.

Al compás de cada paso, el quiebre de algunos vidrios extra sobre el suelo. Al fondo a la derecha, la barra de las historias. Dos trabajadores seres atendían con gusto a quienes llegaban. Una pila de importantes diarios a la derecha, para los amantes de las notas actuales. El menú no era necesario conocerlo. Al inicio de la jornada, todo era veloz; taza tras taza de café.

Por la noche, junto a la estantería de libros, un pequeño banco y un hombre que con su guitarra, rompía los silencios y las tribulaciones en la mente de los comensales.

Mas, detrás de toda pared, el sitio conservaba un espacio peculiar para clientes exclusivos.

El sitio era pequeño, apartado de las voces y aplausos del público en general, adornado con rosas y enredaderas por las paredes. Un enorme candelabro en la parte de arriba, adornado con velas prestas para ser encendidas y así entregar una velada para los amantes.

Remuevo el viejo librero para llegar a este pequeño recoveco. Desciendo las escalerillas. Una oscuridad en una alta densidad me recibe. Al llegar al final, busco en mi pantalón un paquete de cerillos. Enciendo las velas una a una.

Tácita luz, breve calor. Las rosas marchitas y la enredadera seca. La pequeña mesa de madera conserva, con esperanza, su forma.

Comienzo la limpieza del lugar, tratando de dejarlo como suelo recordarlo. Por las reglas de la naturaleza, mas no puedo hacer nada por las plantas.

Oigo el sonido de un golpe proveniente de un espacio en el cuarto, el cual no alcanza a iluminar la luz de las velas debido a su ya casi extinto uso. De las sombras, el rostro pálido de una mujer aparece. Su cabello oscuro y su vestido negro emergen de las sombras. Se detiene en la mesa. Retira mechones de cabello y me deja ver su rostro.

Justo como la recuerdo.

Labios rojos, ojos negros. Esencia perdurable en su ser. Extiendo mi mano y la invito a buscar un poco de café. Los métodos para prepararlo ahora no son importantes.

Con cada taza culminada hasta sentir los granos de café, culmina también una conversación. Los tiempos han cambiado y hemos vuelto a estar unidos. En nuestros oídos, resuenan notas musicales de tiempos pasados.

Nuestra estancia terminó, volveremos nuevamente; tal vez mañana. Antes de apagar las velas, nos fundimos en un abrazo sin rebuscar la calidez inexistente de nuestro materializado ser. Una a una, las velas se difuminan al soplo proveniente de nuestros labios, justo como la vida mortal. En la oscuridad, se acerca y me besa. Nos encontramos en un aterrador beso.

Ascendemos las escalerillas. Reacomodamos el librero. Pisoteamos la destrozada puerta de cristal, ahora con el nombre chapado en el suelo y destrozado. El tiempo ha dejado de existir. Juntos, subimos la pesada cortina de acero y se levanta nuevamente el polvo y las cenizas.

Nos recibe la ciudad gris, con sus edificios en su interior apagados. A lo lejos, algunos gritos de horror, los que todavía se resisten a ser callados. Bestias, monstruos, seres que solían ser inenarrables, ahora pasean por las calles y sobrevuelan el cielo gris. El sol ha muerto, la luz no volverá. El hombre mortal, silenciado, no es más en este mundo.

Avanzamos sin temor, hacia cualquier lado, del cual ahora nadie es dueño y el que al final, recuperamos sin luchar.

IMAGEN

París a través de la ventana >> Marc Chagall., Liozna, Bielorrusia, 1887-Saint Paul de Vence, Francia, 1985.

Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de Junio de 1986 en la Ciudad de México. Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional; desafortunadamente, su pasión por la literatura y la música lo lleva a formar parte del taller de creación literaria impartido por el profesor Julián Castruita Morán y del taller de creación literaria impartido por el profesor Alejandro Arzate Galván. Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía. En 2014 fue finalista del Concurso Interpolitécnico de Declamación. Participó en 4 obras de teatro de improvisación, las cuales fueron presentadas en los auditorios de la Escuela Superior de Ingeniería Textil y en el Cecyt 15. Ha realizado ponencias en eventos de “Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet. Publicó algunos trabajos para el portal electrónico “El nahual errante”. Actualmente, se desempeña como ingeniero de procesos de T.I.


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