LO QUE NO SE DIJO

por Ángela Tirado Carrión

Aquel verano no iba a dejar nada en pie. Según decían en los informativos, aquel estaba siendo el más caluroso que se recordaba en años. Para ella, sin embargo, iba a ser el verano que no querría recordar bajo ningún motivo.

Había algo que se cerraba, sentía que no iba a quedarse sola. Y, sin embargo, no terminaba de entender, como iba a sostener lo que venía.

Durante años se preguntó que hacer llegado el momento: cuando tuviera que cuidar de su madre, cuando la distancia —esa que ya existía entre las dos— dejara de ser emocional, para volverse inevitablemente física. Nunca encontró una respuesta.

Creía en las señales. creía en Dios. Y aquella noche, sin saber muy bien por qué, sabía que no iba a quedarse sola, que de algún modo, sabría reconocer lo que necesitaba ver.

Hacía calor.

Salió a dar un paseo, sin rumbo claro. Condujo sin pensar demasiado, hasta que el sonido del mar empezó a colarse por las ventanillas entreabiertas. Sonrió apenas.

Decían que las sirenas cantaban muy bonito.

Caminó despacio por la orilla. A lo lejos, un pescador sostenía la noche con paciencia. Sus miradas se cruzaron un instante, un gesto leve, casi un acuerdo de no interrumpirse. Él esperaba algo, quizá un pez, quizá otra cosa.

La luna comenzaba a imponerse cuando lo oyó.

Un golpe seco se repetía: clock… clock… clock…

Se acercó a las rocas con cautela. Allí, atrapado, había un pequeño barco varado, inquieto, como si respirara mal.

Se agachó.

Llevaba un cargamento.

Frascos de cristal cerrados por corchos, atados con cintas de diferentes colores. Todos llenos. Todos distintos.

Miró alrededor, nadie.

Tomó uno, lo abrió.

Agua. Tinta corrida. Palabras ahogadas.

Otro más. Y otro.

Historias que alguien había escrito en un momento de dolor. Ahora disueltas en silencio.

Quedaban dos.

Los sostuvo con cuidado, como si al tocarlos, pudiera alterar algo importante.

Abrió el primero.

A mi hija:

Sigue tu camino, yo seguiré el mío, si te necesito te buscaré, si no lo hago…

El resto se había borrado.

Se quedó unos segundos mirando el vacío que dejaban esas letras inconclusas.

Luego lo cerró despacio y volvió a atar la cinta.

Tomó el último.

Dudó.

A mi madre:

Nunca supe el motivo de tu rechazo, tampoco entendí eso de “contigo o contra ti”. Ya no me duele tu lejanía, ahora sigo a mi corazón. Te deseo…

 

Nada más.

Sintió como algo se ajustaba dentro de ella. No era alivio. No exactamente. Pero sí una  forma de sentir.

Colocó los frascos en su sitio, con cuidado. Enderezó el barquito de entre las rocas, y con un gesto suave lo devolvió al agua.

Esta vez no se quedó atrapado. Avanzó ligero. Como si supiera adónde iba.

Levantó la mirada.

La luna era el único testigo.

Las lágrimas llegaron sin ruido.

Y entendió.

***

Imagen

Barco de papel >> Acrílico >> Mónica Emegrande

Àngela Tirado Carrión es escritora y poeta nacida en España y residente en Tarragona. En junio de 2024 publicó su primer libro, el poemario Entre blanco y negros, un trabajo íntimo centrado en la exploración emocional y los matices de la experiencia personal. Su escritura gira en torno a los vínculos afectivos, la memoria y los silencios que atraviesan las relaciones, especialmente en el ámbito familiar. Ha participado en distintos espacios y convocatorias literarias, desarrollando una voz propia de carácter introspectivo. Su estilo, cercano a lo poético, se apoya en lo sugerido y en lo simbólico, influido tanto por la sensibilidad contemporánea como por la tradición lírica.

TE PUEDE INTERESAR

Dejar un comentario