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15 mayo
2019
Literatura Reflexiones de arte
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SIDERA CAELO ADDIS

Por Alias Torlonio

Agregar estrellas al cielo. Esta antigua expresión romana hacía referencia a la inutilidad de ciertas acciones y creo que es análoga al concepto chino taoísta incluido en el I Ching, de El trabajo en lo echado a perder. Sin embargo, desde mi punto de vista, agregar estrellas al cielo, es oficio de poetas. Pero son ustedes los lectores, los que han de tener, cómo no, la última palabra.

La amistad cultivada entre Nidya Areli Díaz, escritora, poeta, filóloga y editora de esta preciosa revista, que no para de crecer en contenido y calidad, y quien escribe, un simple pintor, dio pie a un montón de comentarios íntimos por mi parte, sobre la pintura y los procesos creativos, que básicamente son mi interés primordial dentro del arte. Nidya Areli sugirió que podríamos compartir algunas de estas reflexiones epistolares en Sombra del Aire. Creo que primero me negué, luego lo vi más claro, aunque no sabía muy bien qué debería hacer, ya que por respeto a los lectores de la revista, y a todos sus autores, no podía conformarme con un simple corta y pega, así que finalmente entendí que debía remozar aquellas impresiones, actualizando mis sentimientos. El fruto de aquella propuesta es este artículo.

Mis ojos lo quieren hacer todo, sin descanso, pero ya no pueden. Cambiaron tras recibir por herencia un glaucoma familiar y además, entrar abiertamente en conflicto con la luz eléctrica. ¿Imaginan a un hombre que por las noches usa gafas de Sol? Pues ese soy yo. Pero sucede que por otro lado, mis ojos son felices, viven entre el verde del bosque atlántico, el azul del cielo y el blanco plateado de abundantes nieblas; además diré que siguen siendo tan amantes y receptivos a todas las formas así como a la luz. Cuando me puse a escribir de manera obsesiva durante cuatro años sin parar (2014-2017), coincide con cuando peor estuvieron mis ojos, tanto, que pintaba a puro brochazo, porque no me quedaba otra; de esto surgieron pinturas que no se parecían a nada de lo que yo venía haciendo. Algunas se salvaron, pero otras quedaron para fondos de nuevos trabajos. Los años 2012 y 2013 fueron particularmente horribles en este aspecto, luego, fui elevando mi frecuencia vibratoria (por favor, han de entender esto como mejor puedan), y poco a poco revertí un proceso que a todas luces parecía degenerativo e inexorable. Recuerdo que esos días miraba todo como nunca antes, procurando asimilar bien aquello que veía, porque creía que en no demasiado tiempo me encontraría casi ciego. Creo, sin poder confirmarlo, que Edgar Degas tuvo glaucoma; aquellos días yo pensaba mucho en esto, viendo que tan enorme talento, el suyo, no impidió para nada, su caída en la paradoja del pintor invidente. El caso es que no por eso Degas dejó de pintar, no sin librar antes una ardua batalla contra “la oscuridad”, dejándonos por fortuna en sus últimas obras, una visión cromática sumamente interesante; los contornos pierden seguridad y protagonismo y el color, básico y salvaje, se apodera de todo, hasta de nuestras retinas.

Actualmente mi atención como pintor se centra en el retrato, y puedo decir que mi pintura ha ido madurando, lo cual me sitúa en un nuevo terreno, donde nunca antes había pisado. No se trata de presunción sino de un suceso concreto, real; concentrado en pintar la piel nuestra, he descubierto una beta o camino de ensanche espiritual, una forma de amor capaz de sanar mi turbulenta relación con el género humano. Cada matiz dado a la piel pintada es una lengua sanadora que cauteriza y cierra mis heridas. Esto ha provocado en mí una toma de consciencia sin retorno, una nueva línea de tiempo dentro de mi pintura, o lo que es lo mismo, de mi alma.

Hoy quiero expresarme sin artificios, tal como lo hacía en mi preadolescencia. Trato de representar mi mundo con humildad. La luz a través del color es la forma. Así, encuentro en la pintura dos dermis, la piel de las personas retratadas y la piel de los pigmentos que cubren la obra, sea esta en lienzo o tabla: supradermis de la pintura.

¡Surrealismo!, sugiere mi corrector ortográfico, que ciertamente es surrealista.

Siempre he sentido que ningún centímetro de la superficie pintada es más importante que otro, ya que en mi trabajo solo contemplo un tema, la piel del cuadro. Esta cosa no se puede enseñar, uno la lleva dentro, o nada.

Cómo se adaptan mis retratados al espacio del cuadro, entra dentro del metalenguaje de la pintura, que por cierto, nuestros subconscientes suelen descifrar con soltura. Algunos retratados, como Mohamed, no caben en la superficie del lienzo, rebasando sus límites tanto, que el cielo, viendo desde su pequeña franja, que tiene la batalla perdida, decide posarse sobre el cabello de mi retratado, mientras que otros como Leticia, se adaptan perfectamente al formato, cediendo con armonía, lugar al espacio, permitiendo incluso que la materia flote. He de mencionar que antes de conocer a Leticia y a Mohamed, que son una magnifica pareja, soñé con ellos, por extraño que parezca, en dos ocasiones.

A Nidya Areli, la editora de Sombra del Aire, la he pintado y dibujado tantas veces como me ha sido posible, y en cada una de estas he descubierto aspectos de la pintura imposibles de pronosticar. Cada persona que retrato suele aportar algo diferente a la obra. Puedo pintar animales con los ojos cerrados, a los hombres sin ningún esfuerzo, pero, amigos, cuán difícil es pintar la belleza femenina. Este es el mayor de todos los desafíos. Lo considero, aún sin dejar de intentarlo, una batalla perdida y os diré por qué: tratar de emular semejante concentración de belleza, con tan solo un palo que en la punta tiene cogidos unos pelos o cerdas, ¡es una locura! El pintor y su modelo es la historia de la bella y la bestia, es también David contra Goliat, pero no en su aspecto bíblico, sino en otra versión, de bajo presupuesto, donde David queda siempre aplastado por la belleza. Así es como lo siento. Así es: ¡Sidera caelo addis!

AT

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Alias Torlonio, David García. Pintor. Disléxico. Ermitaño. Bosquimano. Vegetariano. Íbero. Guerrero pacifista. Extraterrestre mientras no se demuestre lo contrario. Nombrado en 2018, 14o Rey Natural de los Gatos del Bosque. Se declara objetor de conciencia desde 1982, apartándose para siempre de la industria militar, el estercolero político y los infiernos religiosos.

Frases poco conocidas de de Alias Torlonio: El silencio pule el alma. Los malos son tontos, los tontos son buenos, los buenos son listos, los listos no tanto. La miseria viene de la mente; la abundancia sale del espíritu. Me da igual un traje a topos que un campo de minas.

http://es.artscad.com/@/AliasTorlonio
http://www.elmuseovirtual.com/ficha.php?menu_id=1&jera_id=872&page_id=1079

El autor, pasmosamente moderno, más allá de lo posmoderno, más allá de los cánones y de la Academia, nos abre un nuevo sendero en el campo de la palabra poética. Poblado de fantasmagorías, el autor sintoniza en La aurora de los vampiros, presencias asombrosas que van cobrando forma en la medida que se avanza en la lectura y, en la misma tónica, reinventa la anatomía ―humana, material y de todas las cosas del mundo― conforme reconstruye el lenguaje, otorgando a la poética una nueva significancia; reflexiona: “la experiencia de ver con los ojos es tan relevante que la humanidad entera coincide en localizar nuestra consciencia en la parte superior de la testa” pero, ¿qué tan cierto es esto? Alias Torlonio cuestiona los paradigmas humanos y, por medio del discurso, avista para el lector, nuevos senderos de conocimiento, aunado esto a una auténtica experiencia estética (Nidya Areli Díaz).

Descarga aquí de manera libre La aurora de los vampiros de Alias Torlonio, por cortesía del autor.

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