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19 febrero
2015
Artes escénicas Ensayo Literatura Recomendación Reseña Teatro
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EL ETERNO FEMENINO DE ROSARIO CASTELLANOS

 Por Marisela Romero

Para dejar de ser víctimas, se debe dejar de actuar como víctimas. Considero que en esta frase puede sintetizarse una de las ideas de Rosario Castellanos planteada en El eterno femenino, crítica ácida que hace la autora respecto a la feminidad y sus constantes intentos de reivindicación y reconocimiento, en una sociedad creada por el pensamiento masculino y llevada en diferentes momentos de la historia, a diversos grados de machismo.

el eterno femeninoCastellanos caricaturiza la moral cotidiana de la mujer casta, indiferente a los placeres de la carne —de los que no prescinde, accede a ellos sólo por cumplir con su deber de esposa— la esposa sumisa y decente que se somete a la voluntad del marido, después de la obstinación de la madre. Se burla de la mujer que se justifica y se regodea al mismo tiempo de su maternidad para faltar a esa moral, accediendo a la prostitución y el amasiato, a manera de sacrificio.

Más allá todavía, desmitifica el carácter de mártires sacrificadas con que se ha vanagloriado a las mujeres que han ido más allá de los cánones establecidos, mujeres transgresoras ciertamente, pero cuyos motivos han estado más allá de la flagelación. Seguramente ni siquiera tuvieron la intención de trascender como heroínas; quizá sí, pero no bajo el estigma del feminismo como lo entendemos hoy en día, simplemente bajo la condición de seres no ordinarios —como lo puede ser también cualquier hombre— motivadas por el ego, el aburrimiento, la osadía, la insubordinación o la insolencia en sus más simples concepciones.

Este efecto satirizante, resalta con la sorpresa de las protagonistas, y es así como nos encontramos con una Eva convencida de que puede trabajar para sustentar sus necesidades básicas:

ADÁN (Nostálgico): Pero éramos tan felices… No nos faltaba nada.

EVA: No deseábamos nada, que es distinto. Y no éramos felices. Éramos egoístas y cobardes. La categoría humana no se recibe; se conquista.

ADÁN (Arrodillado): Señor, yo no soy digno. Señor, ten piedad de nosotros.

VOZ CAVERNOSA Y DISTANTE: “¡Parirás con dolor!”

EVA: Pago el precio de la plenitud. Y juro que no descansaré hasta vencer al dolor.[i]

 Una Malinche astuta que utiliza lo que está a su alcance para sacar provecho:

MALINCHE: […] No soy una vasalla de Moctezuma porque salí del poder del señor maya que le paga tributo. Ahora te pertenezco a ti.

CORTÉS: Te gusta el papel de diosa consorte ¿eh?

MALINCHE: Me gusta que Moctezuma beba una taza de su propio chocolate. Es un amo cruel.

CORTÉS: ¿Más que yo?

MALINCHE: Tú eres brutal porque tienes prisa. Él se cree dueño de la eternidad.[ii]

Una Sor Juana que elije el convento como una de las dos opciones de su tiempo para desarrollar sus capacidades intelectuales, con toda la soberbia y presunción que implica:

SOR JUANA: Yo no fui al convento ni por vocación ni por desengaño, sino por sentido práctico. No sé porque se empeñan en inventar tantos motivos cuando yo dejé, muy claramente en una carta, que ingresaba al claustro, más que atraída por esa forma de vida, empujada por “la total repugnancia que me inspiraba el matrimonio”.[iii]

Una Josefa Ortiz movida por el tedio para quedar inmortalizada en la historia:

CORREGIDOR (Haciendo un esfuerzo por ordenar sus ideas, que son pocas, pero que no se dejan manejar fácilmente): ¿Mi mujer? ¿Un complot en el que interviene MI MUJER?

JOSEFA (Súbitamente fiera): Si, tu Josefita, por la que no habrías dado ni cinco centavos.

CORREGIDOR (Anonadado): Josefa… Mi Josefita… ¿por qué me has hecho esto?

JOSEFA (Lapidaria): Porque me aburría.[iv]

Víctimas, es la bandera con la que las mujeres han encabezado su lucha; para empezar, ni siquiera tendríamos que estar hablando de lucha al defender una postura, o un modo de vida. Sin ir demasiado lejos, la historia propia de cada mujer, se puede identificar en este texto. La formación familiar, siembra en las mentes frescas ideas como: “no llores porque te ves fea y nadie te va a querer”, “no te enojes porque te ves fea y…”; en resumen, todas estas frases inocentes reiteran la consigna: “las mujeres deben ser lindas, amables, dóciles y todo lo que sea necesario para que sean queridas en consecuencia”, ¡Genial! Con eso, la vida está resuelta.

En este aprendizaje, el contraste: las lecciones son “NO hagas…”, “NO digas…”, “NO sientas”, no, no, no. En la práctica: “debes ser accesible y amable”, lo que se puede traducir en “a nada digas no”.

Y cuando se enfrentan al mundo, desde cualquier ámbito y se topan con que no todo mundo las quiere, sufren y asumen el irremediable destino: andar por el mundo, víctimas del aberrante, castrante machismo, luchando por un lugar, por el reconocimiento familiar, laboral, social ¡uf!

Castellanos llevó su crítica al extremo, a la crítica de sí misma, y con ello nos puede llevar a la liberación interior. A la más primitiva simplicidad de la existencia. El autorreconocimiento, la búsqueda (que no lucha) de realizar metas, sueños, deseos, en el ámbito individual, sin importar si los logros son reconocidos, aplaudidos o desacreditados.

Se puede ejercer la maternidad con mucha dedicación, se puede realizar un excelente trabajo, se puede actuar de la manera más altruista y que nada de ello sea públicamente reconocido. Eso no debe importar. O todo lo contrario: dedicarse a la maternidad esperando ser retribuida de manera semejante, esmerarse en el trabajo para conseguir un ascenso o un bono económico extra, ayudar a los vecinos o a los amigos con la intención de que ellos respondan de manera semejante ¿Por qué no?

Es decir, sean cuales sean los motivos que impulsen a actuar de determinada manera, para pasar desapercibidas o para trascender, no tiene porqué ser enaltecido, ni condenado, es parte de la vida y nada más. Quizá lo más importante sea que a nivel personal se experimente el placer de hacer y la satisfacción de ser.

Los invito a deleitarse con esta farsa que la autora no pudo ver publicada, debido a que murió pocos meses después de haber terminado de escribirla, en Tel Aviv.

Obra consultada:

Castellanos, Rosario, El eterno femenino, México, Fondo de Cultura Económica, 1975.

[i] Rosario Castellanos, El eterno femenino, p. 84.

[ii] Ibid., p. 90.

[iii] Ibid., p. 108.

[iv] Ibid., p. 120.

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