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01 mayo
2019
Literatura Narrativa Novela por entregas
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XXXII. ETERNIDAD

INTROSPECCIÓN

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Por Alejandro Roché

De momento, el murmullo lejano de la música y ruido de la taberna se irrumpe por unas notas discordantes pero rítmicas a la música que venían escuchando. Sube el volumen.

El dj explotando cabina / Ya retumba fuerte la bocina / Se preparan las popu y las fina / Las que rompen duro en la tarima / El el dj explotando cabinas / Ya retumba fuerte la bocina / Se preparan las popu y las fina/ Las que rompen duro en la tarima / Juan quin y dago con los nota lokos / Po po po popu popu po putona / Popu popu po putona…

Con este ritmo que hace latir el corazón desenfrenadamente, con la sangre haciendo despertar cada parte de mí, despertando una ansiedad y curiosidad por ver que ha sido motivo por el cambio de ambiente.

Popu popu po putona / Popopopopo putona / Esta zarpada de atrevida esa wacha / y en le facebook pone fotos en bombacha / Puso me gusta y te firmo el muro / Y yo le firmo que le doy bien duro / E E E ella tiene la nota y yo estoy loco / (Yo estoy loco) / E ella tiene la nota y yo estoy loco / (Yo estoy loco) (loco) / Popu popu po putona…

La letra es simple, así como la música; pero el cuerpo qué sabe de cultura,  mis pasos se apresuran al final del pasillo.

Popopopopopo putona / Yo soy el feo, ella es la linda / En el whatsapp siempre está en línea / Es la más dura / Es la más fina / A ella le gusta la adrenalina / (La adrenalina) / Popu popu po putona / Popopopopopo putona / Popu popu po putona / Popopopopo putona / Juan quin y dago / No no no nota lokooos / El dj explotando cabina / Ya retumba fuerte la bocina / Se preparan las popu y las fina / Las que rompen duro en la tarima / Lle lle llegamos los fiesterooooos / Que le damos a la / Popu popu po putona…

Ya en escena, veo a Brexit bailando con el hombre recién llegado. Pero su baile es algo que nunca antes había visto, e incluso dudo de si es un baile o un tipo de espectáculo sexual.

Popu popu po putona / Popopopopo putona / El junte que nadie esperaba / Juan quin y dago con los nota lokos / Maykol records / Brapro music / Capos music / Seguimos on the grand /Somos de los pocos que marcamos / La diferencia en esto / Nosotros les enseñamos el camino / Las popus nos llaman (jajaja) / Y nosotros les respondemos…

Termina la canción, baja el volumen, pero sus cuerpos, que hasta ahora eran los únicos en el centro, siguen frotándose y acariciándose, ya no al ritmo de la música, más bien al que les dictan sus deseos y como si fueran una invitación. Los demás comensales comienzan a imitarlos, incluyendo los de mi mesa. Sólo Jassiel se limita a mantener la copa en su mano y muy cerca de su boca y, como su espalda da a una de las paredes de la taberna, tiene una buena panorámica de los cuerpos en parejas y alguno que otro solitario como yo limitandose a contemplar y, por qué no, a regocijarse del espectáculo. Pero luego, pareciera que aquí hay para todos, y comienzan de ser meros observadores a protagonistas. Yo no sé qué hacer. Veo a Jassiel para buscar una respuesta y sigue con su copa en la mano, muy cerca de sus labios, como si sólo la mantuviera al ras de sus labios sin beber nada de ella y sus ojos, su mirada, se posan en la ambigüedad de la curiosidad, el morbo y la misantropía.

El ambiente de humo y alcohol se impregna aún más de sudor y sexo, se enerva la sangre. Yo estoy paralizado y mis pupilas saltan de aquí para allá. Me siento extasiado por la vista y los sonidos del éxtasis, sin saber exactamente donde detener la mirada, hasta que me encuentro con Brexit. La observo con su larga cabellera negra que le cubre la espalda y parte de los pechos, convulsionando su cuerpo, brillando intermitente entre los claroscuros a luz de velas, que parecieran igual que mis ojos, acariciarla. Mis deseos deben ser tan intensos que aún montada, sus ojos voltean a donde estoy, sonríe, humedece sus labios con la lengua, recostándose en el pecho de su pareja, acaricia suavemente el torso, pareciera sentir sus dedos en el mío. Con la mirada fija hacía mí, se desprende, y arrastrándose innecesariamente hasta donde topa con mis pies, sube su cabeza hasta mi sexo. Por sobre la ropa, primero restriega sus labios entreabiertos, buscando lo que sus ojos cerrados no quieren mostrarle, pero cuando mi sexo se manifiesta, rápidamente sube hasta donde mis labios y se unen a los suyos, mientras mis manos y mis dedos se multiplican en su candente piel. Resbalando en el sudor y de la silla caemos al suelo, rodamos, la tierra nos envuelve, resbala, exfolia nuestra piel, porque mi cuerpo no sé en qué momento se liberó de la ropa y así, desnudos, llegamos a los confines de la habitación y sentado de espaldas a la pared, ella se sienta en mí, rodeandome con sus piernas, como si quisiera huir, aunque es lo último en mi mente, pues mientras mi izquierda la sujeta de la cintura, la derecha jala su cabello inclinando su cabeza hacia atrás para que mis labios devoren el cuello en tanto mi lengua serpenteante, recorre cada poro y recoge cada gota de agua salada en aras de saciar mi sed.

Pero la ansiedad de mi corazón sólo se acelera con cada embiste, mi respiración se agita incontrolablemente y se estremece aún más cuando sus senos se pegan a mi pecho y yo quedo sumergido entre ambos, aspirando el aroma de los fluidos que escurren por el suelo y que primero es sólo humedad, pero después es un riachuelo que en su viaje se alimenta de los causes de los otros tantos y al llegar a los confines de la próxima pared regresa en oleaje y ahora es un río y en su otra vuelta es un mar, y ahora no sólo estamos sentados, sino que flotamos en medio de un mar de sudor y fluidos sexuales y nadamos y nos sumergimos y nos deseamos locamente. Nuestros sexos se besan y acarician, frotan y cogen, enfrascándose en coitos interminables. Nuestros cuerpos, arboles enraizados a ellos, sólo tiemblan, a veces con timidez y otras intensamente, y marejadas revientan con estrépito en las paredes, pero la vida, el deseo, el instinto van tan de la mano y ahora ya no somos dos, somos cuatro seres, cuatro conciencias tomando rumbos distintos…

Ellos siguen besándose, abrazándose, copulándose e inventando el apareamiento de una nueva especie. En el génesis de un nuevo universo, de otra realidad, ahora ellos ya no son dos, sino sólo uno, un nuevo ser, alejándose al ritmo del intempuestuoso oleaje y nosotros, libres de nuestras raíces, llegamos hasta el fogón y nos arrojamos a él, para darle un respiro a nuestros corazones. Pero ahí las brasas del carbón palidecen, no son más que trozos de hielo derritiéndose al contacto de nuestra piel y lo que antes era un deseo, es una tortura, es el hambre infinita de la insatisfacción. Y así y entrelazados caemos juntos hasta lo más profundo de la lumbre, donde no es rojo, es un mundo blanco, y el aire no existe; todo es intensidad, un ahogamiento perpetuo en la lujuria, y ahí la naturaleza se apiada y nuestros sexos renacen con más brío que antes, no conocen límite e imponentes, en la cima y en el centro del todo, ya no somos dos ni cuatro, sino una multitud, regocijando nuestros cuerpos, compartiendo el deseo entre múltiples sexos, apetitos y concupiscencias que se sumergen, nadan, invaden a los otros y habitan una eternidad hasta crear una nueva cultura milenaria en la perpetuidad de los tiempos.

IMAGEN

Matrimonio a la moda: la toilette >> Óleo sobre tela (68.5 X 89 cm) >> William Hogarth

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Alejandro Roché nació en el Edo. de Méx. en 1979. Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional. A la par de su desarrollo profesional como programador informático, se ha ejercitado desde temprana edad en la disciplina de la Literatura, sobre todo en el campo de la narrativa. Lector ávido. De 2000 a 2005 formó parte del Taller de Creación Literaria del escritor Julián Castruita Morán dentro de las instalaciones de la ESIME-Zacatenco del IPN. Durante los próximos años escribió la novela Abraxas, hoy publicada por entregas y disponible en este medio. Colabora con profusión en Sombra del Aire desde mayo de 2015.

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