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05 febrero
2017
Literatura Narrativa Relato
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XII. ¿QUÉ ES EL ARTE?

INTROSPECCIÓN

Por Alejandro Roché

—Pero entonces, ¿el arte es una obra exclusiva del ser humano?

—Si lo vemos desde un punto humanista, sí; pero quizás en sentido más amplio, no. Creo que todo aquello que le hable al espíritu debe ser considerado arte.

—¿Pero y entonces la postal de un amanecer será arte?

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Sin título » Pedro Cabrera

 

—¡Cuestionas mucho! Y por eso es tan agradable platicar contigo. ¿Un amanecer será arte? Buena pregunta. Un amanecer o atardecer con todos esos colores podría no ser arte, o bien, podría sí serlo. Si fuera arte, entonces, ¿quién es el hacedor de ese momento?, ¿Dios? Pero esa respuesta va más allá de donde estamos; sólo debemos limitarnos a lo que podemos comprobar; al menos por ahora. Si partimos de esa premisa, entonces el amanecer es sólo la conjunción de una serie de factores, que da por resultado una serie de colores en una hermosa panorámica; y, en ese sentido, el arte es igual, una serie de factores que el artista toma en su espíritu y expresa a través de su mente y manos para crear algo que antes no existía; casi como un dios.

La naturaleza no crea cosas, al menos no de forma consciente como un ser humano, sino que más bien llega el viento y empuja las nubes, llega el agua y crea los arroyos, llega el viento y trae consigo la tierra que da vida a los árboles, llega el tiempo y nacen bosques, las selvas, los cañones, las montañas, y el sol da vida y muerte a todos por igual, pero sin que cada uno esté consciente de ello; sólo es el azar. Las puestas de sol son hermosas, pero una obra de arte es bella.

—¿Y los animales? Los animales poseen relativa consciencia. ¿Ellos podrían crear arte?

—¿Qué es el espíritu? ¿Si el arte es la expresión del espíritu, este será algo exclusivo de los seres humanos, o más bien será el común denominador de los seres vivos? El espíritu al igual que muchas otras cosas, es invención del ser humano para explicar lo intangible, lo que se supone que existe, que ahí está pero no se comprueba su existencia; pero eso ni a mí me convence, creo que más bien el espíritu es la abstracción de la esencia del ser humano.

En eso estamos, cuando llega el tipo de los aluxes con alguien más y me dice:

—Oye, tu que andabas sin dinero, aquí vienen buscando gente para ir a ABANCALAR un terreno.

—No tengo ni la más mínima idea de lo que se tiene que hacer, pero un dinero bien me caería.

A lo que Jassiel, me detiene:

—No, espera; ¿a dónde vas? Quédate, aquí vas a aprender más que si te vas, de la comida y del techo ni te preocupes, que aquí está mi buen amigo Tyndas, el cual nos proveerá lo necesario para vivir.

No supe qué decir, pero me quedé; a lo que los otros dos tipos se fueron.

—¿En qué estábamos?

—¿En que el espíritu y Dios podrían tener semejanza?

—Y dale con lo mismo; no me quieras marear. Podría ser, pero a diferencia de Dios, el espíritu puede expresar lo mejor o lo peor de un ser humano y Dios en principio sólo es lo mejor a lo que el hombre quisiera aspirar. Así, solemos escuchar “ese hombre tiene un gran espíritu de lucha”, y la lucha de ese hombre podría ser buena o mala. En cambio una acción buena se relaciona con el dios bueno y la mala con un demonio, pero el hombre es capaz de ambas; y quizá por ello el hombre está por encima de cualquier dios; puesto que no está limitado a lo bueno o malo. Pero regresemos al punto medular de todo esto, porque el hablar de Dios y espíritu es otra cosa. Si el arte es exclusivo del ser humano o también de los animales, habría que ver si un animal es capaz de crear un objeto que sea capaz de hablarle al espíritu de otro ser humano, aunque si eso fuera posible estaríamos hablando de un espíritu universal; pero yo más bien creo que cada ser vivo es capaz de hacer arte, pero poseen un espíritu diferente; es decir, un espíritu de diferentes gustos por especie.

—¿Y qué pasa con esos animales que detienen su andar ante una melodía?

—¡Ah! Tu argumento destruye mis conjeturas. Tienes razón, entonces sí debe haber un espíritu universal que todo ser vivo comparte, un común denominador: un espíritu universal.

—Pero y si existe un espíritu universal, ¿es posible que exista un arte universal?

—¿A qué punto hemos llegado que tú eres el que me enseña?

—Yo sólo cuestiono lo que hablas, no podría dudar de lo desconocido.

—Y es así como se aprende. ¿Qué sé yo de la vida, si sólo hablo por hablar? Pero continuemos. ¿Existe un arte universal? ¿El arte a quién le habla? ¿A quien se dirige una obra? El arte no sólo le habla a lo bello, es decir, a lo bello que inspire emociones gratas, porque también está lo grotesco y también es arte; entonces el arte le habla no sólo a los sentidos, sino a las emociones, si un objeto tangible o intangible es incapaz de provocar emociones, entonces es un objeto más. Pero y si logra provocar emociones en unos y en otros no, ¿dependerá de gustos también?

Sí y no, porque entonces estaríamos hablando de la multiculturalidad y atemporalidad del arte; es decir, si hay un arte que es capaz de provocar emociones a personas de cualquier cultura y de cualquier tiempo, e incluso a cualquier ser vivo como los animales, entonces estamos hablando de un arte universal, del arte en una de sus expresiones más puras: el súmmum ars.

—¿Pero y cómo comprobar que un arte es universal?

—Quién lo ha de saber, quizá sólo el tiempo; él lo sabe todo.

Instantes de silencio quedaron después de aquello, y nuevamente el más joven volvió a preguntar.

—¿Y “eso” —señalando al otro lado de la calle—, será arte o sólo será un hecho fortuito de la naturaleza?

—¿Quién soy yo para decir si es arte o no? Según lo que hemos hablado, no, porque no hay un ser vivo que haya puesto sus manos detrás de ello, pero en un sentido más amplio hemos dicho que la esencia del arte son las emociones y detrás de ellas el espíritu; entonces ¿que acaso no, un espíritu enamorado está ahí; atrapado en el tiempo, y nos regala la belleza de un recuerdo que para ese hombre lo ha sido todo desde el momento en que recibió ese beso? ¿Quién puede negar que ese hombre siga vivo; y dentro de sí, rememora en un ciclo infinito ese instante que para él ha significado no sólo una vida; sino la eternidad misma, pues quizás nunca despierte de esa ilusión? ¿Quién no quisiera sumergirse en un sueño tal?

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