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17 septiembre
2017
Crítica Ensayo Literatura
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VOCES POLIFÓNICAS EN EL DIVINO NARCISO DE SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (2/3)

Por César Abraham Vega

Posteriormente encontramos, ya en la voz de la ninfa Eco, la declaración de su naturaleza angélica desterrada del “Reino de los Cielos” a causa de su “amor propio” y de su “soberbia” que le llevaron a equipararse a Dios mismo, en pocas palabras, Eco es Lucifer; este fragmento en particular es extremadamente profuso en referencias bíblicas, tanto del Viejo como del Nuevo Testamento. Avoquémonos a revisar las más importantes:

En el verso 343 hallamos: “Pues ahora, puesto que / mi persona representa / el Ser Angélico, no / en común, más sólo aquella / parte réproba, que osada / arrastró de las estrellas la tercer parte al Abismo, […]” es equivalente al siguiente pasaje bíblico que hay en el libro del Apocalípsis, capítulo doce, a partir del versículo cuarto: “y su cola traía arrastrando la tercera parte de las estrellas del cielo y arrójalas a la tierra” (Sagrada Biblia, Petisco, y otros 1217).

Es precisamente en este apartado del Divino Narciso donde la alegoría entre Narciso y Cristo; y Eco y Satanás queda claramente manifiesta[i]:

Narciso a Dios llama / porque Su Belleza / no habrá quien la iguale / ni quien la merezca […] quiero siguiendo / la misma metáfora […] para ver si la de Eco / conviene con mi tragedia / […] Ya sabéis que yo soy Eco, / […] porque –viéndome dotada / […] de perfección y de ciencia / […] ser esposa de Narciso / quise, e intenté soberbia / poner mi asiento en su Solio / e igualarme a su grandeza / […] por lo cual, Él, ofendido, / tan desdeñoso me deja, / tan colérico me arroja / de Su gracia y Su presencia, / […] (Cruz 35).

De tal modo que el anterior segmento es correspondiente con el pasaje mítico bíblico que es conocido como “La expulsión de Lucifer de la presencia de Dios” y que podemos verificar en los siguientes extractos; En Ezequiel, capítulo 28, versículo 15 encontramos:

Perfecto has sido en tus obras, desde el día de tu creación hasta que se halló en ti la maldad; 16) con la abundancia de tu tráfico se llenó de iniquidad tu corazón, y pecaste, y Yo te arrojé del monte de Dios; y a ti, ¡oh querubín que cubrías el trono!, […]. 17) Por haberse engreído tu corazón por causa de tu hermosura, y corrompídose tu sabiduría por causa de tu brillo, por eso te arrojé (Sagrada Biblia, Petisco, y otros 811).

El mito queda grandiosamente condensado en estos versos de sor Juana donde da la voz a la Ninfa Eco y estos arraigan sus referencias en sendos pasajes bíblicos, ya que el mito de la expulsión de Satanás no se encuentra implementado como un solo elemento narrativo y los episodios del mismo se encuentran desperdigados por toda la Biblia; encontrándose las referencias más significativas en Sabiduría 2[ii], Isaías 14[iii], Ezequiel 28 y 31[iv], 1ª de Timoteo 3[v], 2ª de Sn. Pedro 2[vi], 1ª de Sn. Juan 3[vii], Carta de Sn. Judas, versículo 6[viii]; y en Apocalipsis 20[ix].

Antes de terminar el discurso de Eco que nos ocupa, se presenta una nueva referencia al Génesis y la expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal. Ella misma –Eco– se transmuta y se refiere como “la víbora sangrienta” que en vengativa estratagema hizo caer de la gracia divina a la raza humana y a la que describe como “villana grosera / de tosco barro formada[x] / hecha de baja materia” (Cruz 36) ante la impotencia y la envidia de que la humanidad, con su imperfecta naturaleza tuviera el privilegio del perdón de Dios, cosa de la que la naturaleza satánica está eternamente privada aun a pesar de sus orígenes lumínicos y angélicos: “para que nunca Narciso / a mirar a sus ojos vuelva / […] (¡ay de mí!, / de envidia el pecho revienta), / que temo que si la mira, / su imagen que mira en ella / obligará a Su Deidad / a que se incline a quererla; / […]”. (Ibídem 37) De tal modo que se entiende que la época en la que Satanás fue arrojado de los cielos es un tiempo tan arcano y remotísimo, previo a la aparición del hombre en la tierra.

Es la “soberbia” el principal vehículo de la maldad la que le impele a provocarle tropezones desde sus primeros días en que los “primeros padres” tentados por la sierpe deciden devorar la fruta del árbol del conocimiento provocando el encono airosos de Dios.

Y más aún, sin que concluyan las disertaciones de la ninfa satánica se abordan nuevos pasajes bíblicos en los que la mano malévola del diablo infunde la soberbia en los hombres, en primera instancia, el diluvio universal y el castigo a la humanidad pecadora aparece en el verso 472 haciendo una referencia a “acuario”, algunos versos después aparece “El Arca de Noé” descrita como la “nadante tabla” a través de la cual la “naturaleza humana” salva la vida que aún hoy conserva.

Posteriormente el mito de la “Torre de Babel” en el verso 487 hace patente la insistencia diabólica por hacer que el hombre se convierta en un émulo de Lucifer, cuando ensoberbecido pretende alcanzar a Dios (“escalar al cielo intenta”) trepando en su “altiva Torrre” cae precipitado en el insondable precipicio de la multiplicación de las lenguas.

Del anterior segmento se desprende una arrobadora justificación dialógica y evangelizadora que se conecta directamente con la Loa al Divino Narciso en la que la Religión y el Celo someten a América y Occidente para mostrarles al verdadero “Dios de las Semillas” pues estos últimos vivían perdidos en las neblinas de su paganismo; por lo tanto, Eco-Satánica profesa:

Después de así divididos,(por la división de lenguas en Babel) / les insistí a tales sectas, / que ya adoraban al Sol, / ya el curso de las Estrellas, / ya veneraban los brutos / ya daban culto a las peñas / ya a las fuentes, ya a los ríos / ya a los bosques, ya a las selvas, / […] y adorando embelesados / sus inclinaciones mesmas / olvidaron de su Dios / la adoración verdadera / con que amando Estatuas / su ignorancia ciega / vinieron a casi / transformarse en ellas (Ibídem, 38).

Este fragmento constituye una perfecta apología a la conquista espiritual emprendida por España en América a través del levantamiento dos pilares retóricos poderosísimos: El primero es la asociación de las manifestaciones religiosas indígenas no sólo con la naturaleza pagana sino que además les proporciona el atributo de satánico; si bien en los primeros años de la conquista, los naturales difícilmente comprendían los arquetipos de Dios y del Diablo como dos polos morales que influían en la conducta humana, principalmente por la multitud de entidades divinas en las mitologías prehispánicas, el discurso de Eco como Satanás deja en claro que dicho personaje es una personificación del mal ¿y qué debía entender un indígena por El Mal? Pues todo aquello que representa un perjuicio a la existencia y el bienestar de la humanidad como raza; tal conclusión es producto de la experiencia dialógica entre la obra (incluida la autora y sus referentes del mundo) y el lector (receptor) y su óptica propia del mudo, que es abismalmente diferente; en este momento el efecto polifónico se vuelve estratosférico

Es una verdad perfectamente conocida que los dioses precolombinos eran la personificación de diversos agentes de la naturaleza (El sol, el viento, el agua, el maíz, la muerte, etcétera); según lo declara la Ninfa diabólica, en su ventajosa perversidad por perder a los hombres después de ser castigados con la multiplicidad de lenguas, promovió en las distintas tribus humanas la falsedad del culto a la naturaleza a fin de que olvidaran a su verdadero creador.

Este discurso catequético pretende forzar (o en el mejor de los casos orientar) la catarsis religiosa en un sentido unívoco: Abrazar la fe católica que es la única, verdadera y original doctrina que honra al ‘verdadero’ Dios; pues le otorga al no converso el libre albedrío para elegir el arrepentimiento y corregir sus pasos religiosos. El discurso funciona inteligentemente a partir de la premisa de que el hombre no es malo sino que ha sido conducido por un mal camino (que en este caso es la religión pagana prehispánica) por el agente supremo de la maldad (Satanás, el falso profeta) que pretende la condenación de los hombres a través de la adoración de los “falsos ídolos”; este discurso opera a nivel filosófico religioso.

El segundo alegato retórico funciona a nivel puramente bíblico a través de la instrumentación de una anécdota que le permita a los paganos vislumbrar el posible panorama que les aguarda si no abandonan sus falsas creencias; de tal modo existe una sutil pero firme referencia al pasaje bíblico del Éxodo 32 en el que el pueblo judío es castigado por la adoración de un falso ídolo, “El becerro de oro”:

7) Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Anda, baja: pecado ha tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto. 8) Pronto se han desviado del camino que les enseñaste: se han formado un becerro de fundición y adorádolo; y sacrificandóle víctimas, han dicho: Éstos son tus dioses, ¡oh Israel!, que te han sacado de la tierra de Egipto. 9) Y añadió el Señor a Moisés: Veo que ese pueblo es de dura cerviz: 10) déjame desahogar mi indignación contra ellos, y acabarlos; que Yo te haré a ti caudillo de una nación grande (Sagrada Biblia, Petisco, y otros 86).

Este becerro es un referente bíblico para que sor Juana escribiera los versos 519-526; en el queda justificada la conquista armada en la que aquellos paganos de “dura cerviz” que rehúsan convertirse terminarán experimentando la ira de Dios a través de la Iglesia que en la Loa es representada por el Celo; sin embargo existe un voto explícito por parte de la monja para que esta conversión ocurra a través de la piedad, la compasión y del buen grado:

Celo: ¡Muere América atrevida!

Religión: ¡Espera, no le des muerte, / que la necesito viva!

Celo: Pues ¿cómo tú la defiendes / cuando eres tú la ofendida?

Religión: Sí porque haberla vencido / le tocó a tu valentía, / pero a mi piedad le toca / el conservarle la vida: / porque vencerla por fuerza / te tocó; mas el rendirla / con razón me toca a mí, /con suavidad persuasiva (Cruz 11).

Pero vayamos más adelante; en la escena iv del auto aparecen más pasajes bíblicos, principalmente centrados en la figuras patriarcales judeo-cristianas, los cuales referenciaremos de manera sucinta para evitar una lectura tediosa de este trabajo: En el verso 539 habla Abel cuya correspondencia bíblica la encontraremos en el Génesis, 4:4; En el 547 aparece Enoc (Génesis, 5:17) y después Eco nos presenta a Abraham hacia el verso 551 (Génesis, 22:1) y el 567 a Moises (Éxodo 32:32); no sino hasta el verso 591 que se abandonan los territorios del antiguo testamento y es entonces cuando aparece Dios hecho carne, como el hijo del hombre y personificado en Narciso: “¡Ábranse las bocas / de la dura Tierra, / y brote cual fruto / el Salvador de ella!” (Cruz 41)

Un poco más adelante, hacia el verso 667, “el amor propio de Eco” habla del implemento de su venganza a través de la muerte; cuando Adán y Eva son arrojados del paraíso terrenal uno de los castigos impuestos por el creador es la pena de muerte[xi] pues en su estado de gracia los “primeros padres” eran inmortales, no es sino hasta la llegada del Cristo redentor que el Señor acoge nuevamente en su seno a la humanidad, le otorga el perdón y la vida eterna, esto es precisamente lo que intenta impedir la vena satánica de Eco: “¡Padezca esa vil Pastora, (la humanidad) / padezca Narciso y muera, / si con muerte de uno y otro / se borran nuestras ofensas!” (Cruz 43).

Los versos subsecuentes (671-696), ahora en la voz de Eco, sirven de anticipación al Cuadro Segundo, escena v en la que se hace una bella transmutación de Narciso y Eco por Jesucristo y Satanás para enmarcar el pasaje bíblico del “ayuno y la tentación de Jesús” presente en Mateo 4:1-9 y que quedan rematados majestuosamente a partir del verso 795 en el que se suscita la confrontación dialógica e idílica entre estas figuras míticas, quienes enarbolan, cada una por su parte, discursos polifónicos que ciñen los paradigmas morales, filosóficos y religiosos que antagonizan; inicia Eco:

Todo, bello Narciso, / sujeto a mi dictamen, / son posesiones mías, / son mis bienes dotales. / Y todo será Tuyo, / si Tú con pecho afable / depones lo severo / y llegas a adorarme [xii].

Narciso: Aborrecida ninfa, / no tu ambición te engañe, / que Mi Belleza sola / es digna de adorarse. / Vete de Mi presencia / al polo más distante, / adonde siempre penes, / adonde nunca acabes [xiii].

Eco: Ya me voy[xiv], pero advierte / que, desde aquí adelante, / con declarados odios / tengo de procurarte / la muerte, para ver / si mi pena implacable / muere con que Tú mueras, / o acaba con que acabes (Cruz 47).

El Cuadro Tercero, escena vi, cuando la “naturaleza humana” hace una elocución anhelante por su salvador, añora la fuente de aguas cristalinas que lave sus manchas; este cuadro constituye una preciosa emulación al Cantar de los Cantares, y como muestra de ello sólo hace falta extraer un pequeño fragmento:

Si queréis que os dé señas de mi Amado, / rubicundo esplendor Le colorea / sobre jazmín nevado; / por su cuello, rizado Ofir pasea; / los ojos, de paloma que enamora / y en los raudales transparentes mora. / Mirra olorosa de Su aliento exhala; / las manos son al torno, y están llenas / de jacintos, por gala, / o por indicio de Sus graves penas: / que si el jacinto es Ay, entre Sus brillos / ostenta tantos Ayes como anillos. / Dos columnas de mármol, sobre basas / de oro, sustentan Su edificio bello; / y en delicias no escasas / suavísimo es, y ebúrneo, el blanco cuello; / y todo apetecido y deseado. / Tal es, ¡oh ninfas!, mi divino amado. / Entre mil lares mil es escogido; / y cual granada luce sazonada / en el prado florido, entre rústicos árboles plantada; / así, sin que ningún zagal Le iguale, / entre todos los otros sobresale [xv] (Cruz. Op. Cit. 49).

Esto asienta que la humanidad encarnada en el personaje de la “naturaleza humana” es la esposa anhelante en busca de su amado, papel que recae en Narciso, efigie de Jesucristo; nuevamente podemos atestiguar como la voz polifónica bíblica se inserta en el discurso ovidiano para apelar al arrepentimiento y conversión del lector (receptor) pagano o descarriado.

NOTAS

[i] Es importante destacar el vuelco literario que hace sor Juan en el empleo de los personajes del mito ovidiano; tradicionalmente Eco es concebida como la víctima y Narciso, obnubilado por su vanidad, como el ‘victimario’; a propósito de la filiación moral de los personajes, Rice hace una interesante observación: “Curiosamente, no son los personajes “buenos” que recitan los segmentos bíblicos, sino los “malos”, en particular, Eco, que representa al demonio, a Lucifer. Entonces, estas circunstancias también dan otro matiz a los versículos” (Rice de Molina 165).

[ii]23) Porque Dios crió inmortal al hombre, y formóle a su imagen y semejanza: 24) mas por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo: 25) e imitan al diablo los que son de su bando” (Sagrada Biblia, Petisco, y otros 614).

[iii]12) ¿Cómo caíste del cielo, ¡oh lucero!, que tanto brillabas por la mañana? ¿Cómo fuiste precipitado por tierra, tú que has sido la ruina de las naciones? 13) Tú que decías en tu corazón: Escalaré el cielo; sobre las estrellas de Dios levantaré mi trono, sentaréme sobre el monte del testamento, situado al lado del Septentrión. 14) Sobrepujaré la altura de las nubes, semejante seré al Altísimo. 15) Pero tú has sido precipitado al infierno, a la más honda mazmorra” (Ibídem 681).

[iv]12) Y le dirás: Esto dice el Señor Dios: Tú, creído sello o imagen de Dios, lleno de sabiduría y colmado de hermosura, 13) vivías en medio del paraíso de Dios; en tus vestiduras brillaban toda suerte de piedras preciosas; el sardio, el topacio, y jaspe, el crisólito, el onique, el berilo, el zafiro, el carbunclo, la esmeralda y el oro, que te daban hermosura, y los instrumentos músicos estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14) Tú has sido un querubín, que extiende las alas y cubre el trono de Dios; Yo te coloqué en el monte santo de Dios; tú caminabas en medio de piedras brillantes como el fuego, 15) Perfecto has sido en tus obras, desde el día de tu creación hasta que se halló en ti la maldad; 16) con la abundancia de tu tráfico se llenó de iniquidad tu corazón, y pecaste, y Yo te arrojé del monte de Dios; y a ti, ¡oh querubín que cubrías el trono!, te eché de en medio de las piedras resplandecientes como el fuego. 17) Por haberse engreído tu corazón por causa de tu hermosura, y corrompídose tu sabiduría por causa de tu brillo, por eso te arrojé Yo al suelo, y te expuse a la vista de los reyes, para que te contemplasen” (Ibídem 811).

[v]6) “No sea neófito o recién bautizado, porque hinchado de la soberbia, no caiga en la condenación del diablo cuando cayó del cielo” (Ibídem 1173).

[vi]4) Porque Dios no perdonó a los ángeles delincuentes, sino que amarrados con cadenas infernales los precipitó al abismo en donde son atormentados, y tenidos como en reserva hasta el día del juicio” (Ibídem, pág. 1201).

[vii]8) Quien comete pecado, del diablo es, porque el diablo desde el momento de su caída continúa pecando. Por eso vino el hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (Ibídem 1204).

[viii]6) y a los ángeles, que no conservaron su primera dignidad, sino que desampararon su morada, los reservó para el juicio del gran día, en el abismo tenebroso con cadenas eternales” (Ibídem 1208).

[ix]2) Y agarró al dragón, a aquella serpiente antigua que es el diablo, y Satanás, y le encadenó por mil años” (Ibídem 1223).

[x]7) Formó, pues, el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra, e inspiróle en el rostro un soplo o espíritu de vida, y quedó hecho el hombre viviente con alma racional” (Ibídem 10).

[xi]19) Mediante el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a confundirte con la tierra de que fuiste formado: puesto que polvo eres y a ser polvo tornarás” (Sagrada Biblia, Petisco, y otros, 1978 pág. 12).

[xii]9) Y le dijo: Todas estas cosas te daré si, postrándote delante de Mí me adorares” (Sagrada Biblia, Op. Cit. 965).

[xiii]10) Respondióle entonces Jesús: Apártate de ahí, Satanás: porque está escrito: Adorarás al Señor Dios tuyo, y a Él sólo servirás” (Ídem).

[xiv]11) Con eso le dejó el diablo; y he aquí que se acercaron los ángeles, y le servían” (Ídem).

[xv] “58) Conjuróos, ¡oh hijas de Jerusalén!, que si hallareis a mi amado, le noticiéis cómo desfallezco de amor. 9) ¿Qué tiene tu amado sobre los demás amados, oh hermosísima entre todas las mujeres? ¿Qué hay en tu amado sobre los demás amados para que así nos conjures que le busquemos? 10) Mi amado es blanco y rubio: escogido es entre millares, de jóvenes. 11) Su cabeza, oro finísimo: sus cabellos largos y espesos como renuevos de palmas, y negros como el cuervo: 12) sus ojos como los de las palomas que se ven junto a los arroyuelos de aguas, blancas como si se hubiesen lavado con leche, y que se paran a la orilla de corrientes caudalosísimas. 13) Sus mejillas como dos eras de plantas aromáticas, plantadas por hábiles perfumeros: sus labios, lirios rosados que destilan mirra purísima: 14) sus manos de oro y como hechas a torno, llenas de jacintos: su pecho y vientre como un vaso de marfil guarnecido de zafiros: 15) sus piernas, columnas de mármol, sentadas sobre basas de oro. Su aspecto majestuoso como el del Líbano, y escogido como el cedro entre los árboles. 16) Suavísimo el eco de su voz: y en suma, todo él es envidiable. Tal es mi amado, y ése es mi amigo, hijas de Jerusalén. 17) ¿Hacia dónde partió tu amado, oh hermosísima entre todas las mujeres? ¿Por dónde se fue, que iremos contigo a buscarle?” (Sagrada Biblia, Op. Cit. 607).

IMAGEN

Narciso >> Óleo sobre lienzo (113 x 97 cm) Galleria Nazionale d´Arte >> Palazzo Barberini

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Puedes descargar AQUÍ el Divino Narciso en PDF. ¡Felices lecturas!

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