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07 mayo
2017
Cuento Literatura Narrativa
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UN CRIMEN SIN ODIO

Por Antonio Rangel

¿Me debo sentar? La verdad es que me gustaría quedarme de pie, me voy a sentir un poco libre si puedo desplazarme. Claro, yo entiendo que hay protocolos y métodos y esas cosas. Comprendo que… sí, me sentaré.

Yo soy inocente del crimen de odio que me achacan. Bueno, yo sí maté a la Tetis, dos disparos, uno en la cara y el otro en una teta. Todavía tenía tres balas más y ya no quise disparar porque sentí lástima. ¿A poco eso no demostraría que no había odio en lo que sentía?

¿Qué sentía? ¿Y qué siento ahora? Pues nada. Bueno, gusto de que se muriera. Aunque también me dio miedo de que me atraparan. Ahora ya me resigné. Tal vez me muera acá, o salga muy viejo, viviré una vida de viejo o me mataré antes. Quizá en mi celda el día antes de salir libre al mundo me encuentren ahorcado. ¿Se imagina? A lo mejor suena bien dramático, pero yo le veo un sentido muy chido, es como mentarle la madre a la libertad. Pero quién sabe el futuro, ¿no?

No se ofenda, pero yo creo que la psicología es pura mamada. Conozco a un psicólogo acá dentro y se lo madrean porque no sabe adivinar sentimientos. La respiración cambia, los ojos como que se tuercen de alguna forma, la postura, son avisos, pero el pobre no se entera y le caen a golpes, yo en cambio sí he aprendido a identificar emociones y para mí eso vale más que las cosas dizque psicológicas. Por ejemplo, usted llegó con un prejuicio de que yo soy homofóbico o machista o violento, hace memoria de alguna teoría que embone conmigo, incluso metiendo a la fuerza el pie en un zapato, y no se interesa en conocerme y, aunque descubra que soy inocente, no me va a ayudar, pero como en el fondo piensa que yo soy una cosa sin sentimientos ni dolor, pues que me joda, que coopere para que usted se sienta un psicólogo muy chingón, ¿no? Si por lo menos me dejara caminar.

Y si además de caminar pudiera fumarme un cigarro, incluso de esos mentolados que usted fuma. No, nunca he tenido fantasías homosexuales ni he cogido con putos ni los odio. Mire, a la Tetis la maté por razones políticas o, en todo caso, fue un crimen de amor. Un amor algo especial, lo reconozco.

Se llama Jelen con jota. Yo le decía Helena. Quién sabe dónde ande. Me enamoré de Jelen porque quizás esas sustancias químicas que salen con los orgasmos, no sé bien, pero así pasa y poner nombres a las cosas invisibles que imaginamos que pasan aquí dentro no sirve más que para pasar exámenes de biología, ¿no? Ahora que a ustedes los psicólogos les vendría bien enterarse de que existe un microcosmos químico.

Jelen tenía 16 años cuando la conocí. Yo estaba en un día aburrido y ella llevaba una minifalda que me hizo frenar, casi sin querer, como dice la canción. Se acercó y me preguntó: ¿vamos?, le abrí la puerta de mi coche y ahí a la vuelta estaba el hotel. Qué hermoso era verla desnudarse, no se la describo porque no quiero que se masturbe con mis recuerdos. Sólo debo decirle que sus nalgas habían sido trazadas por el compás de Dios. Esa vez estuve con ella quince minutos, a la semana siguiente media hora y unos días después una hora. Esa tercera vez era su cumpleaños, incluso después fuimos a una pastelería, le compré un pastel y la dejé cerca de su casa.

Se podría decir que nos volvimos amigos. Platicábamos, me contaba cosas y yo a ella, conocí a su familia. Así que un día le dije que fuéramos novios y ella aceptó. Creo que habíamos logrado tener un buen equilibrio en nuestra relación, ya sabe, a pesar de la diferencia de edad, le llevo doce años.

Nuestra relación se hizo más intensa, nos tuvimos más confianza, pero eso sí, cuando cogíamos yo le pagaba para que no sintiera que me estaba aprovechando de ella. Incluso, el amor me hizo imaginar una felicidad matrimonial a su lado. Me ponía a planear: ella sacaría la prepa, viviríamos juntos y dejaría de trabajar o trabajaría en otra cosa o en lo mismo pero sin presiones. Como le gusta cuidar a la gente me la imaginaba de enfermera, pero no como fantasía sexual, sino marital.

¿Esto qué tiene que ver con mis crímenes machistas? No, yo no… es que… Una: sólo maté a la Tetis. Dos: cuál machismo, igual que le dije al juez, si su madre o su esposa o su hija son putas, yo no tengo problemas, ¿cómo va a decir que soy machista? Lo que sucedió fue una oportunidad para acusar a la Tetis de trata de blancas, sólo que me pasé de la raya.

Jelen me explicó el negocio y yo me puse a investigar por mi cuenta. La Tetis era una madrota que trabajaba para un líder sindical que tiene dos hoteles ahí en Tlalpan, y ambos además tenían sus encuentros y no creo que sólo se dieran dinero. No me consta y la verdad a mí eso me da igual, yo no odio a los putos. ¿Cuántas veces tendré que decir que cuando maté a la Tetis dejé escapar al tipo al que se estaba cogiendo pensando que era un puto cualquiera? Si yo fuera homofóbico también lo habría matado, ¿no es cierto?, pues no, le dije que se pusiera los pantalones y se largara. Creí que era un don nadie. Qué sorpresa me llevé cuando me llevaron su retrato y supe que era el jefe delegacional. Es que yo a los políticos nunca les pongo atención. De todos modos, no lo hubiera matado, tal vez sólo le habría advertido: un disparo en la pierna o en la mano. Pero lo dejé ir, y él no me va a dejar ir porque ahora me dicen que será senador.

Es que la Tetis maltrataba mucho a Jelen. Le pedía por semana más que a las otras. La llamaba para que fuera con sus clientes y luego no le pagaba. Y un día le pegó ahí en la calle. Yo la encontré ese día con los ojos golpeados. Ya no trabajes aquí, le pedí. Vamos a mi casa, descansas un tiempo, o trabajas exclusivamente ahí, cambias tu número de celular. Y ella decía: que conoce donde vivo, que me tiene vigilada, que voy a vivir siempre con miedo, que mejor voy a matar a ese joto. Y yo le decía que no, pero la verdad sí la vi decidida. Entonces le dije, yo te ayudo.

Según lo habíamos planeado chido. Contraté a Tetis para pasarme toda la noche con él, pediríamos algo de tomar y la dormiría, luego llamaría a la policía para que lo detuvieran por prostituir a una menor de edad como Jelen. La pistola la llevé como plan b.

Estaba saliendo bien, salvo que cuando llegaron las copas, le llegó también un mensaje, y me dijo que se tenía que ir, yo me le quise poner rudo, le dije que no tenía derecho a irse, pero me sacó una pistola, me pidió que me calmara; es curioso, a pesar de apuntarme con la pistola, me hablaba con amabilidad; lo que no fue muy amable es que se bajó los calzones y me enseñó su verga que se erguía como esos edificios que se construyen de un día para otro, ya viste que yo la tengo más grande, me dijo, pero si te portas bien volveré en un par de horas a cogerte. Y se fue, lo bueno es que también se llevó la copa con el somnífero.

Jelen tuvo la buena intuición, o memoria, de saber a qué hotel y a cuál habitación iría la Tetis y ahí fuimos. Jelen le mandó un mensaje de que había problemas en la calle para hacerla salir, pero no respondió, le marcó entonces y no contestó. Así que hicimos lo más tonto: tocar la puerta. Ese güey asomó la cara, el político ése, ya se me fue su nombre, bueno, él salió encuerado y le pidió a Jelen que le ayudara porque Tetis estaba como muerto.

¿Sí o no hubiera sido más fácil envenenarlo? Jelen entra, la puerta queda abierta, así es que me cuelo y veo aquella imagen digna de algún pintor realista: Tetis con una erección horrenda pero dormido sobre el potro del amor, el político de espaldas a mí con sus nalgas escurridas y sus piernas peludas y sudadas; y mi Jelen, con toda la hermosura de su desnudez escondida tras su vestido negro. No quería romper ese cuadro. Pero mi presencia fue notada por los tres. Sí, el hombrezuelo y Jelen me vieron y Tetis como que entreabrió los ojos. Despedí al encuerado, me puse frente a Tetis. Su cara tenía una especie de belleza malnacida. Era el anuncio de una desgracia, no era posible la felicidad viendo ese rostro. Tal vez por eso apunté a su nariz y la destruí. Tomé un poco de aire, Jelen me miró sorprendida y salió corriendo, no la he vuelto a ver. Y ya sólo por curiosidad, le disparé en una teta; ya estaba muerto.

Quise huir, pero obviamente me atraparon muy rápido los guaruras del delegado, o senador, o lo que sea ese puto. No lo digo de forma ofensiva, sí es puto. Tal vez merezco vivir veinte años en prisión pero en serio que no merezco la tortura de veinte años de terapia por homofobia.

ILUSTRACIÓN

Travestis >> Konstantin Altunin

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