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20 diciembre
2015
Crónica Ensayo Literatura
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UN CÉLEBRE DESCONOCIDO

Por Alberto Navia

Aquellos que quisieren saber
la verdad de las cosas pasadas
y por ellas juzgar y saber otras tales
y semejantes que podrán suceder en
adelante, hallarán útil y
provechosa mi historia

Tucídides

Es una brillante y primaveral mañana del mes de abril de 1969, Un célebre desconocidosustentándose entre un cielo cerúleo y profundo y una grandiosa e interminable alfombra vegetal con todos los tonos posibles del verde, un pequeño y albo avión vuela siguiendo el sinuoso curso del río Jataté, sobre el municipio chiapaneco de Ocosingo, en la frontera entre México y Guatemala. El viaje tiene como propósito esparcir las cenizas de un muerto sobre la inconmensurable selva lacandona. ¿Pero, quién es aquel hombre muerto? ¿A quién corresponden tales restos mortales?

Aquel incógnito hombre había sido identificado alguna vez como uno de los hijos bastardos que el káiser Friedrich Wilhelm Viktor Albrecht von Hohenzollern, último emperador del Imperio Alemán y último rey de Prusia, había engendrado con la actriz teatral alemana Helen Olttarent; también se aseguraba que, en realidad, se trataba de doña Esperanza López Mateos (hermana del presidente mexicano Adolfo López Mateos), a quien incluso se le atribuía la autoría de la obra literaria de aquel misterioso muerto; finalmente, también se llegó a decir que se trataba del mismo Adolfo López quien se ocultaba tras la personalidad del ahora extinto para exteriorizar sus aspiraciones literarias.

El nombre del personaje tampoco resultaba fácil de determinar: algunos decían que se trataba de un tal Ziegelbrenner, combatiente internacional durante la guerra de España; otros suponían que se trataba de Richard Marut o Ret Marut, un ciudadano alemán que se había dedicado a escritor, editor, actor y director de teatro en la ciudad alemana de Múnich, donde se había visto involucrando en la revolución socialista de Baviera de los años 1918 y 1919; también hubo quien aseguró que no era sino un estudiante de teología de la universidad de Friburgo, Alemania, llamado Charles Trefny; otros le identificaban como Otto Feige, un hombre nacido en febrero de 1882 en Schwiebus, Brandenburgo Oriental, nuevamente en Alemania, cuando Polonia aun pertenecía a este país. También se aseguraba que no era otro que Hal Croves, un personaje que apareció cuando las obras del nuestro esquivo escritor llegaron a las pantallas cinematográficas, escribió los guiones para tales películas y se encargó de supervisar el rodaje de ellas fungiendo como representante del literato. Hubo, también, quien aseguró que se trataba de Traven Torsvan Croves, un norteamericano nacido en Chicago en mayo del año 1890 o en San Francisco, quizá, en febrero de 1882, hijo de Burton Torsvan y Dorothy Croves, de profesión ingeniero y nacionalizado mexicano desde 1951, este personaje se había avecindado en la Ciudad de México y estaba casado, desde mayo de 1957, con Rosa Elena Luján, una atractiva e inteligente mujer treinta años menor que él, quien había sido traductora de sus obras y trabajado como su representante personal. Traven Torsvan era conocido como el Sueco o el Gringo a causa de sus ojos claros y su cabello rubio. Había otro supuesto: que en realidad se trataba de B. (¿Bruno o Bernhard?) Traven, escritor de las impactantes obras El tesoro de la Sierra Madre y La rebelión de los colgados, novelas enraizadas en la eterna tragedia del pueblo mexicano, además de un maravilloso cuento intitulado “Macario”. Más aun, existía la creencia que el verdadero autor de la obra literaria de B. Traven era un equipo de escritores profesionales con un profundo conocimiento del alma mexicana que se habían puesto de acuerdo para publicar bajo un seudónimo común.

En lo que no cabe ninguna duda es en que, sin importar cuál haya sido su nombre y de qué persona se tratara, la posición que aquel incognoscible escritor asumió ante los conflictos sociales de nuestro pueblo siempre fue el bando del desprotegido, del insignificante, de “los nadie” (diría Galeano). No se deja confundir por lo cotidiano apoyándose en su visión que le da su condición de extranjero pero, a la vez, integra penetrantes conocimientos de la sociedad mexicana obtenidos por sus propias vivencias o a través de relatos de personajes muy cercanos a los acontecimientos o, inclusive, protagonistas de ellos. Ubica su obra en los prolegómenos de la Revolución Mexicana, en ese terrible momento de la historia de nuestro país en que las injusticias que sufre el pueblo mexicano son más notorias y las consecuencias de estas resultan más sangrientas.

Gastón García Cantú escribiría acerca de este controvertido autor: “Traven parece retomar el hilo dejado por los cronistas del siglo XVI, en el esfuerzo consciente de describir el padecimiento de los indios, anudarlo en nuevos episodios y llevarlo a extremos magníficos de ira colectiva. No evoca sucesos, los comparte”.

El 26 de marzo de 1969, cuando estaba por cumplir setenta y nueve años, Traven Torsvan Croves, Skipper, como lo conocían sus íntimos, moría en su casa de la calle Mississippi en la Ciudad de México. Días atrás, el 4 de marzo del mismo año, en su testamento ante notario público, Traven Torsvan reconocía haber usado los seudónimos B. Traven y Hal Croves, dando fin, de esa manera, a un elusivo y sibilino personaje que había llegado a ser digno de formar parte de una de sus propias obras literarias.

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