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09 abril
2017
Literatura Narrativa Prosa poética
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UMBRAL CRISÁLIDO

Por Vanessa Fens

El rayo luminoso atraviesa la noche, va más allá cruzando las nubes, cruzando las constelaciones, fuera y dentro de la niebla pesada; se queda el tibio abrazo del otoño, en la dualidad intrínseca de dos cuerpos sin rostro. Finges amor.

El contexto entre nosotros quedaría plasmado de colores sepulcrales mirándolos esfumarse entre el luminoso umbral crisálido del amanecer en primavera, quedé hastiada, vacía, llena de perfiles hirientes plagados de máscaras taciturnas, abordando despacio la voracidad del híbrido del amor. Casi en el invierno te acercas rasgando mis entrañas. Fueron las doncellas engañadas a tirar sus horrendos harapos tejidos con paja, el anochecer no es tibio, las calles son mágicas, está por llegar el invierno rodeado de duendes risueños que extienden sus brazos, brotaron de la brisa gris al quedarse sentados en la cálida hoguera junto a mi cama. Quisiera borrarlo todo con el pensamiento, pero el atrio de los finales parece comienzo al punto de enervarme pasivamente hasta el lugar de nadie, entrar en el ritual sarcástico de las jaulas labradas con ámbar… Esta vez la voz de los murciélagos se escucha seca y retumba en las pinturas de espuma verde, intento prolongar los minutos, los segundos en segmentos milimétricos chocando en las notas del ocaso. Fuiste incendio aislado en las horas revueltas de la primavera. Si pudiera evadir todo tipo de argumentos, empezaría a empañar lentamente las falsas palabras sin ahogar los últimos besos en el asfalto adyacente, cubiertos de obsidiana en medio de las imponentes tinieblas que rodean nuestro tercer encuentro sin fin; todo inútilmente: prolongar , alargar, eternizar. El pacto ya está muerto. Hablamos tan cerca en lugares tan lejanos; cuando es vulnerable el deseo, se desvanece con el destello ofuscado de las dudas blancas, me duele encontrarte arrastrándote detrás del ángulo invisible del alma, en la obscuridad de los días desahuciados por el Híbrido del amor. Despierto a la intemperie entre la suave quietud de un ruego dentro de una caja, como si estuviera acompañada por pequeños duendes. Cruje la sangre al detener su marcha, cae disuelta en los cráteres de arenas movedizas. El aire engaña taciturno y los preámbulos traslúcidos resbalan del cielo hasta el fondo de los arrecifes de obsidiana; oigo los lirios que rumoran mil palabras tuyas a lo lejos, tras promesas fallidas y antiguas voces del miedo casi secándose en el ámbar misterioso del invierno; detengo mi vuelo hacia el sótano de los desterrados en el hermoso reino luminoso de dos cuerpos sin rostro; me duele encontrarte pululando fuera y dentro del híbrido del amor, me duele encontrarte inhalando el ácido residuo del oxígeno en los sinónimos abismales del umbral crisálido.

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ILUSTRACIÓN

Crisálida >> Antonio de Ignacio Vicens

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