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11 mayo
2017
Literatura Poesía
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NOCHES PERRAS

Por Guillermo Hernández Santana

 

Hay una perra ladrando en la casa

sus gemidos cruzan varias calles.

 

Al fondo hay dos o tres rameras

que probablemente también hayan gemido por el mismo motivo que mi perra.

 

Los perros ladridos son el ruido del rotomartillo en los oídos,

cruzan las cortinas,

espantan al más perro de los varones.

 

Las muy perras prostitutas hablan el mismo idioma que mi perra:

ladran, lanzan chillidos, saturan los oídos con imposibles palabras.

 

Dicen que la noche trae a las más deliciosas de las perras

ellas pueden tener cerca de cincuenta amantes cada jornada.

 

Mi perra sólo me tiene a mí en su perra vida de lazarillo,

come de mi mano croquetas ciertamente costosas.

 

No tengo ni idea de lo que hace en mi ausencia,

extrañarme, soñar que es otra perra,

salir quizá del departamento, oler, lamer culos de perros,

 

¿será que esta especie —igual que yo—

practica el sexo oral para volverse sedentarias criaturas

que en la noche abren el hocico

dispuestas a probar cualquier par de labios que al cerrase devoran?

 

Al final la madrugada nada arregla, nada lo compone

Los ladridos siguen en el patio y las perras al fondo de la calle aún esperan otro cliente.

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