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10 diciembre
2014
Literatura Narrativa Relato
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HISTORIA PARCA

Por Alberto Navia

Había una vez, en una tierra muy muy lejana, un pequeño país, hermoso y agradable, pero que se sentía cada vez más mal. Este bello país había sido infectado por minúsculos bichos que, no por minúsculos, dejaban de ser peligrosos. El pequeño y noble país entonces se sentía molesto e inflamado, algo en su interior no estaba bien y con el tiempo se iba sintiendo más y más indigesto.

historia parcaSus tripitas le dolían y hacían ruidos raros que aquel pequeño país no llegaba a justificar. ¡La había estado pasando tan bien!

Lo que realmente pasaba es que dentro de las tripitas de aquel pequeño y bello país habían ido creciendo unos minúsculos bichos malvados: unos azules, otros amarillos, los más abundantes que eran de color rojo y los peores, porque se juntaban con cualquiera de los anteriores y causaban mayores destrozos, que —paradójicamente— eran de color verde.

Estos pequeños y desagradables bichos tenían ya tiempo hospedándose dentro del cuerpo de nuestro pequeño país y, como casi siempre sucede cuando uno se consigue parásitos como esos, a veces se ponían traviesos y hacían pasar alguno que otro mal rato al país de nuestro cuento, pero siempre, y después de un tiempo siempre breve, todo retornaba a la normalidad y nuestro lindo paisito volvía a sentirse el más afortunado del planeta del que formaba parte. Así había sucedido todo el tiempo. Una o dos veces se había sentido realmente mal, como a todos nos sucede de vez en vez cuando nos atiborramos de helado de chocolate y primero nos sentimos eufóricos para después, pasada la euforia del atiborramiento chocolatesco, sufrir las consecuencias que casi siempre nos causan los abusos de algo; o como cuando nos da flojera hacernos un rico desayuno de huevo con papa y nos largamos a comer una de esas hamburguesas que parecen hechas de cartón reciclado que, aparte de que son carísimas, siempre nos hacen arrepentirnos de nuestra decisión porque terminamos sintiéndonos mal del estómago y nos sentimos pesados e indigestos. Claro, ¿quién no ha pasado por esto? Seguro que a todos alguna vez les ha sucedido algo parecido.

Pero esta vez el malestar del pequeño país parecía algo diferente, esta vez sentía un malestar que no se curó con un tecito bien caliente de manzanilla con una pizca de carbonato ni tan siquiera cedió con dos copitas de ese rico y aromático mezcal que siempre calienta las tripitas y brinda alivio casi instantáneo. Esta vez era diferente, algo estaba funcionando mal y en vez de mejorar nuestro pequeño y bello país se sentía cada vez más mal. Ya hacía tiempo que el malestar había comenzado, primero con lejanos murmullos inciertos como de una muy lejana tormenta: nada por que asustarse o prender las alarmas pensó aquel paisito. Pero los lejanos murmullos no amainaron y siguieron por mucho tiempo hasta convertirse en grandes tumultos que ya no podían seguir siendo ignorados. Así que el país de nuestro cuento, asustado, determinó hacer una cita con el doctor que veía por la salud de los países que habían ido perdiendo la salud.

Lo malo es que, como sucede algunas veces (aunque definitivamente no debería de suceder jamás), resultó que el médico que se suponía iba a curar los malestares del bello país del que trata esta historia no era bueno, pero ni tantito, así que este malvado médico se dedicó, vayan ustedes a saber por qué, a proteger a los bichos malos que hacían doler la pancita del bello pero dolorido paisito y en lugar de ayudar a controlar a los multicolores y villanos bichos les permitió tomar mayor fuerza. Claro, los bichos se aprovecharon de esto y se fueron volviendo cada vez más malos y comenzaron a maltratar y a lastimar a las diversas células que, hasta ahora, habían llevado una vida tranquila y feliz construyendo y haciendo crecer al pequeño y bello paisito. Aquellos bichos malvados, que siempre habían competido entre ellos por ser los más importantes, se pusieron de acuerdo para arruinar por completo la salud de nuestro lindo paisito y adueñarse de su cuerpo para despedazarlo y vender su carne a los otros países que habitaban con él el mismo planeta azulado por kilo o por onza o por quilate o por libra o por lo que fuera pero que los volviera muy ricos.

Y allí siguen aun así las cosas: la salud de aquel infausto paisito no mejora, por lo contrario cada vez está peor su salud y su humor ha ido cambiando, ya no se siente muy feliz que digamos debido al dolor de tripitas ocasionado por la infestación de aquellos bichos malos que poco a poco han ido cambiando de color volviéndose todos negrísimos.

Y bueno, yo hasta aquí le dejo, esta historia continuará porque yo ¡YA ME CANSÉ…!

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