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24 Abril
2016
Biografías Literatura Narrativa
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FELONÍAS DEL DIABLO, GÓGOL

Por César Abraham Vega

Verá, uno no hace lo que hace porque simplemente quiera ver arder al mundo, esa es una idea estúpida, en particular me parece ofensivo que la gente piense que yo soy así, quiero decir, si así fuera haría mucho tiempo que el mundo entero sería un gran montículo de cenizas apenas humeantes. En realidad el asunto es más complicado ¿sabe?, muchísimo más. Considero que se requiere de bastante destreza e ingenio para hacer lo que hago; créame, no es tan sencillo ponerlos unos contra otros y salir perfectamente ileso e impune durante tantos y tantos años. Lo mío tiene que ver más con la curiosidad, con una feroz e insaciable curiosidad.

Mis demonios Gabriel Astaroth

Mis demonios » Gabriel Astaroth

 

Pero en fin, discúlpeme, volvamos a su pregunta… ¡Mmmm! ¡Veamos! ¿A cuántos escritores he fastidiado? Bueno, en realidad no podría darle un número exacto; aunque creo saber muy bien por dónde va su pregunta. Seguramente lo que usted quiere saber es a cuántos escritores famosos he jorobado. ¡Uf! Han sido tantos, aunque mejor voy a hablarle de los trabajillos que más he atesorado, en general prefiero hacerles felonías a los disciplinados y oficiosos, a las pobres almas atormentadas con lo sublime, con la trascendencia, a los pobres abandonados que se entregan sin reserva a sus ideas. A esos son a los que más me gusta gastarles jugarretas, es por eso que a las personas mediocres parece irles siempre tan formidable, en realidad los pusilánimes se condenan solos, se matan de tedio y lo llaman estabilidad; verá, no soy tanto diablo como para andarle jodiendo la vida a todo el mundo, de hecho me divierte bastante que sean los apocados los primeros en culparme por sus infortunios cuando yo nada he tenido que ver con ellos, sus vidas son tan insignificantes y yo, sinceramente, no tengo nada que hacer con ellos; que se mueran solos de hastío, pero a mí que no me contagien.

Pero los otros, los neuróticos, esos sí que son mis predilectos. Había un pobre ruso apellidado Gógol; Nikolái Gógol ¡vaya sujeto! Todo un personaje, señorita. La primera vez que lo vi, estaba sentado, taciturno, en un banco del sombrío parque de Bulevar Nikitski, rayaba el atardecer ¿Sabe que es lo primero que me vino a la cabeza cuando lo miré? Pensé en él como en una hoja seca que rehúsa caer del árbol que vio enverdecer, ella tiene claro que su fin será trágico, mas no se niega a él, no lo ignora, sabe que después de caer muerta sólo le queda crujir contra la tierra pero decide resistir, se aferra con su pecíolo seco y resiste el viento funesto que la sacude, no hay nada para qué quedarse pero ella sigue ahí y cuando el vendaval cesa de soplar un solo instante, ella se suelta y cae por sí sola y en su caída profesa que ha muerto dueña de su voluntad. Así me pareció a primera vista aquel pobre sujeto, tan marchito pero dueño de sí, maestro irremisible de su voluntad.

Para entonces él ya había publicado su magna: Almas muertas ¿Ya la leyó? Petulancias aparte, el libro es un trancazo; y aunque el muchacho era ya un hijo predilecto de la corte del barbón zar Nicolás, al que por cierto le deleitaban tanto las ocurrentes sátiras de Nikolái, los cortesanos no estaban tan contentos con las ácidas caricaturas que había pintado este muchacho sobre ellos, y entonces las intrigas brotaron como es natural ¿qué si yo tuve que ver algo con esto? No, para nada, señorita, el ser humano es bastante diablo.

Y pues con las cosas así, los cortesanos le hicieron la vida imposible al escritor, además las cosas en las calles estaban que ardían, olía a pólvora y a revolución, que quede claro que tampoco tuve nada que ver con esto, esa sopa venía cocinándose desde hacía mucho tiempo, siempre meneada por la cuchara de la inequidad.

Así que la corte le asignó una ineludible diligencia oficial al de por sí ya atribulado Gógol, era evidente que Almas Muertas dejaba muy mal parado al zar y a su séquito y estos últimos bajo ninguna circunstancia estaban dispuestos a abandonar los privilegios que los mantenía a salvo de la miseria que reinaba afuera de la casa del zar; se decía incluso que la obra de Nikolái servía de estandarte a los revolucionarios para extirpar de una vez por todas a la Rusia imperial; así que la diligencia consistía en que escribiera una continuación de su novela en la que hiciera un desagravio del escarnio que había hecho de la corte y replanteara a los personajes satirizados en ella como remanentes de virtud y ejemplaridad, ¡qué cosa más difícil, caray!

Como le dije antes, el pobre Nikolái era un hombre ya en extremo acongojado, constantemente le buscaba un sentido a su existencia, a su obra y a su razón de ser; sus ideales eran sublimes pero le atemorizaba pensar que a pesar de su pensamiento crítico y su virtud preclara, él podría no estar muy aparte de la corte sobre la que la tanto ironizaba, al final de cuentas, la teta de la que mamaban los cortesanos era la misma teta benefactora de la que brotaba su mecenazgo. Gógol no tenía muchas alternativas, sólo una, morirse de hambre.

Con todos estos fardos encima, Nikolái, difícilmente podía escuchar su voz de entre el griterío que siempre habitaba en su interior. Puso de sí tanto como fue inauditamente posible para construir una reivindicación de sus viciosos compañeros cortesanos; y aquí sí es donde entro yo, cada vez que alguno de los personajes de las Almas Blancas comenzaba a configurarse como un ser virtuoso, caro, pío, e indulgente, apagaba el tumulto esquizofrénico de su interior, y dejaba que hablara la voz más legítima del escritor, la de su ingenio; así, sus personajes, tan empeñosamente dorados cual paladines y vestales, empezaban a transfigurarse en monstruos irredentos cojos del pie más malo.

El buen Nikolái volvía sobre lo labrado y reiniciaba su misión como Sísifo tras su caída; y yo, risueño, reiteraba mi tarea en el momento justo cuando alcanzaba el cenit de sus faenas, y siempre los personajes se desenmascaraban mostrando lo que en verdad eran volviendo estéril la lucha del escritor.

Gógol comprendió muy prontamente que no podría hacer un pay dulce con manzanas así de podridas. No podía ser condescendiente con la idea de prostituirse para salvar algo que era insalvable. Y así sintió desbordarse esa cordura demencial que hace mucho tiempo ya avanzaba en su interior, luchó en momentos, pero al final cedió.

Era casi medianoche cuando, despertados por unos aullidos insanos, los criados saltaron entre las penumbras para subir corriendo hasta el cuarto de estudio de Gógol; todos quedaron estupefactos cuando al entrar lo miraron ahí parado introduciendo su mano directamente en la hornilla encendida de la estufa dejando que se incendiaran por igual, el manuscrito de las Almas Blancas, el puño de su camisa y jirones de piel otrora pálida. El criado Andrei lo arrojó a la alfombra de un empujón y con un cojín sofocó su mano en llamas y los papeles incendiados que quedaron regados por todo el suelo de la habitación.

A la mañana siguiente, Nikolái enfermó de una apatía incurable, le ordenó a sus criados que quemaran el resto de los manuscritos que no habían sido destruidos la noche anterior, su servidumbre le hizo creer que así lo hicieron pero en realidad lo guardaron en la covacha de Oleg, su leñador.

Sin poder escribir, arrepentido de su obra, obsesionado con Dios, vituperado por la corte, Gógol no tenía muchas alternativas, sólo una, matarse de hambre y, tan dueño de sí mismo como lo era, esa determinación es la que tomó. No hubo poder humano ni divino capaz de exigirle que abandonara su empresa de autodestrucción. Semanas después del incidente de la quema del manuscrito, Nikolái se desprende de la vida y muere literalmente de hambre, firme en su resolución.

En serio, señorita, ¡vaya personaje que era ese sujeto Gógol! Yo no le llevé a la muerte, de verdad, en serio, únicamente satisfice mi curiosidad de saber qué pasaría si en algún punto de su vida se le hubiera curado de esa esquizofrenia atroz. Y ya ve…, ya ve lo que pasó.

Ese fue uno de mis trabajos favoritos. ¡Vaya!, ¿nos queda tiempo? Entonces déjeme que le cuente sobre otros dos…

Obras consultadas:

https://lenguasyliteraturas.wordpress.com/2013/03/15/Gógol/

http://desdeelmanicomio.blogspot.mx/2010/06/diario-de-un-loco-de-nikolai-Gógol.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Nikol%C3%A1i_G%C3%B3gol

http://www.kienyke.com/kien-fue/nikolai-Gógol/

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Un comentario en “FELONÍAS DEL DIABLO, GÓGOL

  1. Nidya Areli Díaz Garcés dice:

    ¿Cuántos escritores han sido acechados por el diablo a lo largo de la historia?, ¿cuántos han terminado en la locura porque no cumplen con los cánones y los paradigmas de sus épocas?, ¿cuántos fueron incomprendidos, acusados, e incluso negados tres veces por sus propias familias? #CésarAbramVega nos invita a desguatar estas #FeloníasDelDiablo, asomándonos a la vida de #NicoláiGógol, quien debiendo retractarse de #LasAlmasMuertas en #LasAlmasBlancas, muy mal fue que terminó, llevado, claro está, de la mano de Satán.

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