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01 Mayo
2016
Cuento Literatura Narrativa
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EL PSICOPOMPO (SEGUNDA PARTE)

Por Alberto Curiel


Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso, es un servicio a la civilización.

Carl Sagan

Bitácora

*Archivo #63

Hermes Ogmios Psicopompos-Alberto Durero

Hermes Ogmios Psicopompos » Alberto Durero

 

La prisión de Qincheng contaba con una de las torres de vigilancia más altas del mundo. El personal de seguridad estaba conformado por 5 mil personas, y un sistema electrónico moderno de vigilancia se aseguraba de que los prisioneros estuviesen encerrados todo el tiempo. Qincheng se encontraba a mil metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Changping, China. Rodeada por un precipicio profundo y desolado. Si alguien hubiese logrado escapar, tendría que atravesar por cuantiosos obstáculos para ser libre.

La siguiente epístola fue publicada en el diario The Guardian de Reino Unido el 14 de mayo del 2053. Fue escrita una semana antes, en la víspera del gran estallido de la prisión de Qincheng.

La letra de esta carta pertenece al Psicopompo. Durante tres semanas, la nota de ocho columnas alrededor del globo fue este texto, titulado “Carta de un condenado a muerte”, que circuló acompañado de la siguiente leyenda: “Si usted lo ha visto, comuníquese inmediatamente con la estación de policía más cercana. Si valora su vida no intente confrontarlo”.

07/05/53

La gente grita fuera de mi celda todo el tiempo, así me parece escucharlo. Sé que no están ahí, ellos se desgañitan a varios metros de distancia, decenas, cientos, miles ¡pero qué fuerte gritan! Quizá desarrollé alguna especie de superpoder, después de algún tiempo en prisión he obtenido un oído extraordinario, o quizá estoy volviéndome loco… más loco. ¡Ja! Qué gracioso soy…

Me he mudado en decenas de ocasiones, me han obligado a mudarme. No tengo una celda fija, ellos temen, temen mucho, que yo me vaya. Me aprecian, aunque no lo parezca. Ahora me encuentro encerrado en una habitación sin ventanas, puesto que algunos pilluelos me arrojaban cualquier tipo de objetos en cuanto tenían la oportunidad: rocas, botellas de plástico con orines en su interior, bolsas con mierda, incluso bombas caseras minúsculas, mal hechas; sospecho que eran los guardias, u otros reos con “permisos” especiales. Los chinos no son tan listos después de todo.

En un principio intentaron mezclarme con la población general; no funcionó. Días después fui aislado totalmente. Alguien deslizaba comida bajo la puerta. Siempre consumando la estricta norma de no intercambiar palabra alguna conmigo. Era escoltado cuando me permitían ducharme o estirar un poco las piernas. Algunos guardias intentaron matarme, pero les tengo noticias: Fracasaron. Tuve que asesinar a algunos azules para sobrevivir. Y también a muchos amarillos, todos son amarillos por acá, qué curiosos.

Curiosa también, es la vida aquí dentro, desde mi segundo mes de asilo, un trío de gendarmes enviados por autoridades políticas comenzaron a torturarme día tras día, martirizándome hasta el extremo; los pobrecillos se irritaban mucho al no conseguir algún quejido o mueca de dolor por parte mía ¡La meditación zen es muy útil! Irónicamente, temían que me suicidara, pero aquello no tendría sentido, además me falta valor. Verdaderamente, los suicidas le hacen un favor al mundo; deberían ser llamados “héroes”.

Resultó que el tal Agente Salah estaba familiarizado con un pez gordo al que yo no agradaba mucho. No comprendo por qué razón, soy sumamente simpático. Al momento de aparecer en la sala en la que resguardaban mi Grasse junto con mis preciados planos, fui rodeado por un grupo de chimpancés con uniforme, armas de alto calibre y teasers de largo alcance. Creí que me dejarían en paz, como ya lo habían hecho antes. Pero el apellido del supuesto Salah, era Rockefeller. No era un agente, sólo un muchacho rico que pagó una fortuna para conocerme y entrevistarse conmigo. No lo condeno, yo también lo hubiera hecho, soy toda una celebridad. La información que me proporcionó fue obtenida porque antes pagó también un tour para conocer las instalaciones y mi equipo. Su padre me obsequió con los comunistas; un par de errores míos. No por haberme metido con él, sino por no haberlo asesinado antes. Todo puede ser calculado, excepto el comportamiento errático de los hombres, siempre puede ser más errático de lo que uno prevé.

Para los Rockefeller, Morgan, Rothschild, Goldman y los demás dueños del mundo tengo preparado algo especial; remodelé las instalaciones de Alcatraz, pero que esto quede entre nosotros. También para los militares, narcotraficantes y fascistas hay un pequeño obsequio en la cárcel de Guantánamo, los cubanos siempre me han apoyado; si uno no sirve para nada, se hace militar. Y para los revolucionarios, los insurgentes de buenas ideas que desde siempre han hecho algún intento por el bien común, habrá una tregua, un posible debate.

¿En qué estaba? ¡Oh! Les narraba mis vacaciones: Jamás recibí un juicio. Lo deseaba con todo mi ser, un fabuloso juicio público transmitido en directo, vía satélite, ¡el juicio del siglo! ¡Bah! Ya nadie ve televisión, era la gran oportunidad de revivir un clásico, pero desperdiciaron la ocasión. En su lugar, recibí un puntapié, no, cinco puntapiés, no, ¿un millón?, dejémoslo en múltiples fracturas que, según los expedientes nadie causó. Después fui encerrado en este rascacielos construido por la madre naturaleza, rodeado por un precipicio. Dicen que es imposible escapar.

Ustedes sabrán disculpar las manchas en el papel. Algunos puntos de sutura en mi frente han comenzado a sangrar, sí, puntos. Me sancionan de ese modo, con métodos de curación anticuados. Cuando la cosa se pone seria o existe riesgo de infección, usan la pistola de carne, atomizando mi piel con un aerosol que rocía células cultivadas, mi médico de cabecera toma una biopsia de piel saludable, aísla las células sanas de la biopsia y las mezcla con una solución que después me es rociada, posteriormente aplica un vendaje nuevo que contiene micro tubos que realizan las funciones de las arterias y venas en la zona afectada y ¡presto…! ¡Es un genio el que creó esta maravilla…! Sí, yo la inventé.

No recuerdo con qué me hirieron ahí. ¿Era el bate? No, no, eso fue el viernes. Mmm… ¿cuántos días estuve inconsciente, cuatro?

Una linda enfermera curó mis heridas. No me matarán, al menos no hasta que les brinde la seguridad, la hegemonía del mundo. Yo soy la llave y el arma más poderosa, ahora que reina el caos. La Grasse-T1 se quedó allá, en occidente, por lo que los orientales se saben en desventaja, a pesar de que sólo yo conozco la posición exacta de la placa de merger. Pero me tienen a mí, eso desequilibra cualquier justa. Ahora quieren que construya algo para ellos, a cambio de algunos beneficios. Sospechosamente, China, Rusia y Corea (o lo que queda de esas naciones) se han vuelto muy amigas. Al público le han informado que me asesinarán en unos meses, ¡claro que no! ¿Para qué lo harían? Tal vez para dar tranquilidad a los capitalistas. Sé de buena mano que los Rockefeller están temblando. No es para menos. Tener de enemigo a Dios no suena agradable.

Continúo: De vez en cuando me permiten salir con los demás reos, los chinos son unos muchachos muy alegres. Sin embargo, no les agradan mis comentarios, o tal vez no comprenden lo que digo. Mmm… me pregunto si fue porque les hablé en español. Querían jugar… o algo parecido. Cuando venían todos sobre mí, los gendarmes se encargaron de replegarlos; claro, a los que aún mantenían sus cuellos intactos, o las piernas en una sola pieza.

Le pregunté a un guardia si los reos sabían que yo era algo así como un estudiante de intercambio de otra región. Él, muy enfadado, respondió afirmativamente. Todo el mundo sabe quién eres, infeliz, me dijo. No volví a preguntar nada.

Ahora todos rehúyen ante mi persona, excepto uno, el pirómano. Tengo un simpatizante ¡Cómo no habría de tenerlo! Siempre pregunta lo mismo, igual que mis torturadores: “¿Por qué lo hiciste? ¿Tanta gente? Yo tengo mi historia: Una infancia difícil, padres ausentes. Psicopatía diagnosticada de nacimiento. Quería un poco de atención. Pero, ¿tú?, en serio ¡tanta gente!”. Por supuesto, ya he aprendido a hablar chino, fue una ardua labor, me tomó casi medio día.

A todos aquellos que alberguen la duda, les ofreceré un par de anécdotas: Sufro de una clase de hipertimesia severa; recuerdo cada detalle, aroma, cada sensación… recuerdo mi nacimiento, un 6 de noviembre del año 2007. Como mi amigo el pirómano, tuve una infancia traumática, bastó con nacer en el siglo XXI para asegurar tener una. A los dos años leí mi primer libro, mis padres palidecieron al apreciar las colosales disimilitudes que mantenía respecto a otros niños. Había tanto por saber… El mundo era muy grande… Yo decidí conocerlo a través de los textos, de la historia… era asqueroso. Pero no entremos en minucias.

Un día, en mi pubertad, mientras me trasladaba en subterráneo a la Biblioteca Central, vi a un hombre sordomudo que me cuestionó a punta de señas, bailes y golpeteos, acerca de la dirección del tren, señalando la guía ferroviaria pegada a la parte superior interna del vagón, sobre la ventana, de manera exagerada y tosca. Cuando el habla es inviable, hay que mover el cuerpo brusca y hábilmente, como en el sexo. El hombre ofrecía asientos a los usuarios que permanecíamos de pie en el convoy plagado de gente. Los golpeaba fuertemente usando su dedo índice, indicándoles cuando algún asiento quedaba disponible; él no se sentaba. Los iguales lo miraban con desprecio, se enfadaban al percatarse de su presencia, al sentir su tacto y escucharle gemir como gimen los sordomudos al intentar comunicarse fonéticamente. Ellos ni siquiera pretendían interpretarlo, traducirlo, y el hombre aullaba con la mano extendida. Él era más especial que todos ellos, los iguales que atiborraban la ciudad, el andén, el tren. Era una buena persona, pero la bonhomía no es suficiente para ser valioso.

Quizás algunos de ustedes se enternezcan al leer esto y piensen “malditos”, y murmuren para sus adentros “¡idiotas!”. Pero ustedes lo son igualmente, son parte de ellos, de los que nunca declaran: “Yo soy un maldito”, “Yo soy un idiota, basura de ese o de otro tipo”. La historia me mostró que existen diferentes castas de basura humana. Lo interesante es que ninguno se reconoce como elemento fundamental de alguna de ellas, siempre se excluyen. Aunque se saben. Están avergonzados. Nacen avergonzados.

Durante mi adolescencia gustaba de viajar, solo, como de costumbre. Iba a cualquier sitio. Tomaba el tren o el colectivo más cercano sin enterarme de su destino o su procedencia, bajaba y repetía el proceso. Cursaba mi primer doctorado, leía a Dickens sentado en la parte posterior del autobús de las 12, miré por la ventana hacia la izquierda, entrecerré los ojos: Una sombra colosal cubierta por una neblina grisácea engalanaba el panorama, lucía tenebrosa, como un fantasma gigante, ¿qué era aquello…? Una montaña, o un cerro que se encontraba a no más de un kilómetro y medio de distancia… y yo no era capaz de verlo. La neblina era polución. A mi alrededor pululaba la gente, los iguales: calumniando, desacreditando, farfullando siempre desde un podio invisible e inmerecido. Todos ellos estimándose como primordiales, enormes: Yo el fotógrafo, Yo el Contador, Yo el Publicista, Yo el Elemental. Bisbiseé mirando hacia mis piernas: Yo el innecesario, Yo, la mínima parte de la peste. Entonces sentí lo que Antoine Roquentín, su náusea, pude ver esa viscosa confitura cayendo en mis hombros, poseyéndome, y a los demás no inmutarse. Estaban sumergidos hasta los pies de esa mermelada, de la existencia que ellos hacen tan vana. Los vomité. ¡Lo juro, eso ocurrió!

Ahí surgió mi plan… Había tanta gente allá afuera. Tantos hijos de ****[i]

¡Oh! No es tan maravilloso recordar a detalle las náuseas anteriores. Lo siento, debo darme prisa. El gobierno ruso me concedió todos los materiales necesarios para construir “algo” más impresionante que mi Grasse. No ordenaron nada específico para no limitar mi genio, ¡buena decisión! Actualmente sostengo una frecuente comunicación con diversos políticos, oficiales de la penitenciaría, y algunos ayudantes que me han proporcionado: Grave error. Requerí la asistencia del pirómano, no recuerdo su nombre, a pesar de que lo repite continuamente para que no lo olvide. ¡No importa!, están de más los nombres, lo trascendente es la habilidad, el talento, la inteligencia.

No sucedió todo como lo planeé, los recursos para hacer realidad lo que dibujé hace algunos años en aquellos planos que me fueron hurtados, vinieron de otra procedencia. No me aflige que estén en manos de los americanos, inicialmente pensaba conseguir fondos de ellos. Hubieran accedido, lo sé, anteriormente los gobiernos estadounidense, británico y francés me concedieron algunos favores (claro que esto sólo lo sabían unas 20 personas y yo). Cualquiera vende su alma por un poco de poder. Además no podrían comprender mis cálculos, ni mis fabulosos trazos, son muy bobos, y el plano que ellos tienen sólo es la mitad de la manzana. ¿Creían que en verdad tardaron casi diez años en aprehenderme? Por favor, ¿qué son ustedes, estudiantes de física básica, ingenieros, poetas? Se creen todo, ¡ja!

¿Qué les estaba diciendo? ¡Oh sí, mis planos!, fue suficiente echarles aquel pequeño vistazo después de ocuparme de Salah, Reynold y Habbermas. Los cálculos que realicé mientras entretenía a Salah con una amena charla fueron correctos. Las modificaciones están hechas. Ser y no ser al mismo tiempo… Estar y no estar…

Hoy por la noche, es nuestro gran estreno.

Cierro el archivo, lo elimino inmediatamente. Mi dispositivo móvil tiene poca batería. Es impresionante lo que ha conseguido, un solo hombre doblegó al mundo. ¡No! Debo concentrarme, no empatizar con él, no percibirlo como un ser vivo, de lo contrario podría apiadarme de su alma.

Mis averiguaciones me han llevado de un lugar a otro: Panamá, Bélgica, Irán, Mauritania… Algunas personas afirman que el Psicopompo murió aquella noche; dicen que es absurdo que haya logrado sobrevivir. Yo me niego rotundamente a creerlo, él no moriría así, de esa manera tan ridícula. La carta fue encontrada en una caja de metal junto con otros documentos pertenecientes a él.

La legendaria cárcel de Qincheng quedó en ruinas, irreconocible. Estalló en múltiples ocasiones, convirtiéndose en pólvora para fuegos artificiales. Del Psicopompo y su nueva máquina no se supo nada. Ningún testigo puede certificar lo acaecido, no hay testigos. Hay quien afirma que las detonaciones fueron engendradas por el Psicopompo, no obstante, no es su estilo. Jamás ha usado dinamita o pólvora, ningún tipo de explosivo. Lo suyo es la “limpieza” y la “discreción”.

Me he infiltrado entre sus simpatizantes, he conseguido codearme con algunos de sus reclutas, fingiéndome entusiasmado y encandilado con su labor y su filosofía. No fue tan difícil, miles de personas congenian con el tipo. Uno va adentrándose hacia él como empujado por una muchedumbre o arrastrado por un río.

Ha discurrido poco más de un año desde la publicación de este texto. La gente está furiosa, las ciudades restantes fueron destruidas por sus propios habitantes, el primer enemigo: la amenaza del Psicopompo, había sido erradicada. Pero su figura abrió una vieja llaga en la comunidad. Los parlamentos, palacios de gobierno, todo edificio burocrático fue saqueado y destruido, el enigmático palacio de Buckingham, la Casa Blanca, todo signo arquitectónico del poder del Estado cayó.  Los Morgan y Rockefeller han aprovechado la situación, están reuniendo un ejército de mentes brillantes y hombres para el combate. Él tenía razón. Están asustados.

Espero que no me tomen el pelo los partidarios del Psicopompo. Me tomó años de búsquedas e indagaciones llegar aquí, para que resulte que en verdad murió. Veré a Patrick en diez minutos en la estación de Oranienburgo. Llegaré a tiempo, el tren de Berlín es mucho más eficaz que hace 15 años; casi no hay pasajeros. Según dijo Patrick, hoy conoceré a su gran maestro, el Psicopompo… Es enfermizo, todos aquellos hombres y mujeres con los que he tratado en pos de mi propósito, parecen amarle serenamente, no lucen como los viejos fanáticos religiosos o acarreados políticos, no manifiestan ningún rastro subversivo. Hablan de él con embeleso y simpatía: Él, el gran hombre, el genio, el sabio, el hombre más simpático y gracioso, tan sencillo, tan él. ¿Quién es él? Las notas periodísticas divulgadas en los tradicionales medios electrónicos afamaron a aquel como un monstruo, ¡es un monstruo!

A Adam se le nubló la vista al pensar esto, perdió la fuerza, una lágrima escapo de su ojo derecho, al tiempo que se aproximaba a la figura silenciosa de Patrick, quien le esperaba con una sonrisa amable. Adam limpió su rostro y saludó cordialmente a Patrick.

—¿Qué tal el viaje, amigo?

—Excelente. Me es imposible contener la emoción, ya quiero conocerle.

—Pronto, Adam.

¡Ese maldito, ese grandísimo hijo de perra! Por fin lo tendré frente a frente. El hombre que estuvo a punto de exterminar a la humanidad. El demonio que aniquiló a más de seis mil millones de personas en menos de diez años. Ahora el mundo sabe cómo lo hizo. Jaqueó todos los satélites del planeta con un virus geométrico de espejos, sin puntos ciegos ni planos, imposible de detectarse, toda señal era rebotada como si no estuviera ahí. Trabajó en cada gran organización global, de ahí aprendió y recaudó cifras, cantidades, patrones… Creó una base de datos con la información de cada una de las personas que habitaba en cada nación, nos estudió como a hormigas en una granja. La Grasse-T1 sólo condujo energía proveniente de la placa de merger, la enviaba hacia los satélites que tenían objetivos concretos: Grandes aglomeraciones, centros comerciales, sin daño colateral. Sin embargo, los disparos de energía no eran expansivos. Un pulso electromagnético densificado que fríe a las personas desde dentro, tan velozmente que no había tiempo suficiente para que los tejidos se quemaran. Un relámpago dirigido automáticamente, cual si estuviese vivo; aquello aún es un misterio. ¿Cómo mover un relámpago a voluntad? Sólo él lo sabe, usó su conocimiento extradimensional del universo; él es capaz de desplazarse en dimensiones diferentes, desconocidas e invisibles para nosotros.

Yo sobreviví en medio de un grupo de personas, cuando sólo tenía 12 años, ¡maldición!, yo tuve suerte. ¡Bastardo! Reinició el mundo, destruyó toda máquina que usase un motor de combustión interna, pulverizó fábricas, abatió a la industria energética “sucia” como él le llama. Las industrias petroleras no existen más. Cada intento de acercarse a una plataforma petrolera, planta nuclear, refinería, incluso a una gasolinera, era suspendido de inmediato, él activaba su poderoso rayo, la Grasse-T1, y todo quedaba frito. Incluso neutralizo la radiación del uranio y otros materiales; ya nada es radioactivo. Rockefeller perdió millones de dólares, y no solamente él. Por eso los magnates lo odian tanto.

Arribamos al viejo campo de concentración de Sachsenhausen. Hay muchas personas por aquí, parece… un colegio.

—¿Adam, Adam Collins?—, espetó una voz grave a espaldas de Adam. Una mano se posó sobre su hombro. Adam giró bruscamente y, al mirar el rostro del hombre que le nombraba, sintió erizar cada uno de sus cabellos.

¡Es él!, ¡sigue vivo! ¿Cómo sabe mi nombre? Nadie le informó de mi llegada. Semeja un poco más edad que yo a pesar de ser al menos dos décadas mayor. Es fuerte, tiene brazos poderosos, se ejercita. En las fotografías parecía pequeño y escuálido. No podré vencerlo en una pelea cuerpo a cuerpo.

Introduzco mi mano izquierda sigilosamente en mi chaqueta ¡Lo tengo! Mi revolver está frío pero listo para ser usado. Él me observa detalladamente, no vacila, no parpadea. Lo sabe. Extraigo el arma y la apunto a su frente, estoy sudando, él esboza una sonrisa. ¡Idiota! ¡Tú, canalla, tú debes morir! Tú me arrebataste a toda mi familia, no existe la piedad en ti. Mi madre, mi padre, mi pequeña hermana Larissa, tú… ¡tú la mataste!

No puedo moverme, sus ojos… ellos me hablan. ¿También es telépata? La mirada de medusa podía petrificar, la voz del Psicopompo seduce y convierte a cualquier hombre en su esclavo, en su seguidor. No debo permitir que hable, no debo escucharlo. ¿Qué ocurre?, no puedo moverme, ¿en verdad es un Dios? Lo escucho en mi cabeza: 16 de agosto, año 2043. Plaza pública Trafalgar Square, Londres. Mueren repentinamente más de veintitrés mil personas, sólo hay un sobreviviente, un niño de doce años de edad, que permanece de pie en una pléyade de cadáveres, en medio de los cuerpos de sus padres y su hermana menor. El infante es hallado y trasladado a un hospital minutos después, no muestra lesiones. Aquel niño tiene un coeficiente similar al de Newton. La guerra se avecina. Dispara, Adam, dispara.

 Notas:

[i] Aquí hay una palabra ilegible a causa de una mancha. Fue salpicada de vómito probablemente.

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